(Capitulo 57) Ruptura

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El suelo tiembla bajo mis pies mientras el bosque que antes se mostraba calmado ahora resonaba ante las pisadas de los monstruos, a cada paso que daba retrocedía mientras los enemigos comenzaban a aparecer de todas direcciones.

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Lo que antes fue un solo carnero ahora era lo que parecía un rebaño completo atravesando sin piedad a través de los arboles avanzaban como si nada les importara, con ojos llenos de furia fijaban su vista en mi como si fuese un objetivo más a quien destrozar. Ajustando mi respiración flexione mis piernas preparándome para un choque inevitable.

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-KIIIRGGG!!! -¿??-

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-Eh....?

¡!!!!!!!

Entre los ruidos de pisadas que inundaban el bosque chillidos extraños se alzaron de entre los carneros, unas criaturas que conocía muy bien. Cuerpos pequeños con cuernos afilados en la cabeza corriendo ferozmente entre los pasos de los carneros, y finalmente desplazándose con mayor velocidad estaban aquellos monstruos de cuerpos alargados, garras y colmillos filosos asi como esa sed de sangre que se notaba con solo ver la ferocidad de su avance que cortaba todo a su paso, junto a mi primer enemigo estaban los conejos y liebres que parecían atacar en completa armonía, como si el deseo de llegar al pueblo fuera mayor que su rivalidad por el territorio.

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-No puede ser....

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Tras el acercamiento del primer carnero alcanzándome como un tren imparable afirme mis piernas al suelo en busca de estabilidad, reuniendo mana en mi cuerpo me prepare para el ataque inminente, los pasos del asechador que eran la técnica enseñada por mi madre constaba de la forma de moverse al atacar y defender en el estilo Kraniel, reunir el maná alrededor del cuerpo y fluir como el viento en el campo de batalla, si aplicaba esa técnica a mi propia magia debía poder impulsarme de una manera más cómoda para mi tipo de maná.

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Los ataques de los conejos eran predecibles pero molestos, realmente el mayor problema vendría estando en las liebres, siendo las más complicadas por ser rápidas y difíciles de tratar, incluso si los carneros eran más grandes y fuertes estos por su forma de moverse y atacar directo a mis puntos vitales resultaban ser más peligrosos, sus extremidades largas hacen que tenga que fijarme muy bien en sus ataques para bloquearlos con mis brazos, con tantos enemigos acercándose en todo momento no podía hacer otra cosa que mantener mis sentidos al límite.

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Así como me enseñaron debía de guiar mis movimientos como el viento, fluir entre los enemigos como la brisa pasaba entre los arboles sin importar cuantos hubiese, con mi mana rodeando mi cuerpo de forma podía liberar mi magia de forma natural causando que todo sonido que produjera fuera borrado por completo al ser contenido a mi alrededor, en esencia era similar al estilo de combate del clan, pero gracias a mi magia de sonido pude añadir un efecto especial.

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Esperando el momento idóneo en donde pudiese esquitar un ataque, el último paso liberaba el sonido acumulado en una pequeña explosión a mis pies, era como si en ese momento algo empujara a mi cuerpo a cambiar de dirección de forma que pudiese no solo manejar pasos fluidos, si quería podía cortar el momento y realizar cambios abruptos en mis movimientos.

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-(Este es mi Vals)

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Al moverme entre los enemigos que no paraban de atacar podía reaccionar y evitar sus embestidas de forma totalmente controlada, los cambios de ritmo en mis movimientos hacia que fuera difícil de predecir, pasar de moverme entre ellos como la brisa a cambiar de dirección de forma inmediata a fin de adaptarme al ritmo del combate y atacar a aquellos que podía tomar desprevenidos, debía buscar el momento idóneo, a diferencia del primer carnero no podía darme el lujo de tardar en derribar a ningún oponente, al atacar a uno debía poder retroceder al instante antes de que otro logre atraparme. Viendo el momento me acerco al frente de uno de los carneros que venía por mí con toda intención de matar.

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