(Capitulo 68)Escenarios

16 5 6
                                        

Con el inicio del conflicto, el Gran Bosque de Aries se encontraba sumido en una calma extraña, muy distinta al caos que reinaba en el exterior. A diferencia de antaño, la existencia de los monstruos ya no se concentraba únicamente en el centro, sino que se había extendido hacia los terrenos más cercanos a la barrera. El hecho de modificarla y alterarla había alertado a las criaturas de su interior. Aunque no podían salir del todo, sí había quienes lograban colarse entre las grietas que se formaban. El ansia de liberación las llevaba a un estado donde apenas podían controlarse. Por primera vez en mucho tiempo, la calma había alcanzado el centro de aquel lugar.

-

En un claro escondido, casi oculto por la espesa vegetación y la niebla perpetua, la figura de una mujer encadenada se apreciaba reposando junto a los huesos blanqueados de una criatura de gran tamaño. Las cadenas, de un metal negro que parecía absorber la luz, se hundían en el suelo y en sus muñecas, limitando sus movimientos sin llegar a romper su dignidad.

-

—Parece que las demás estrellas ya iniciaron el ritual —habló una voz femenina que se posaba de pie junto a la mujer encadenada—. Ahora que empezó, ya no hay vuelta atrás. Aunque mueran, no se detendrá... solo tardaremos un poco más.

-

—Realmente son problemáticos —respondió la mujer encadenada con una sonrisa apagada, casi nostálgica. Allí yacía la que una vez había sido considerada una encarnación de la guerra: la Reina Celestial Aries.

-

Sus ojos, de un rojo profundo como sangre antigua, miraban hacia el cielo invisible a través de la espesa copa de los árboles. El peso de las cadenas no parecía molestarle tanto como el peso de los recuerdos. A su alrededor, el aire se sentía más denso, cargado de un maná antiguo y primordial que hacía que incluso los monstruos más feroces mantuvieran una respetuosa distancia.

-

Aries dejó escapar un suspiro suave, casi inaudible.

—Han pasado tres mil años... y aún siguen luchando por mí como si fuera una diosa que necesita salvación. Qué irónico.

-

La figura a su lado —una mujer de cabello plateado y expresión fría— cruzó los brazos, observando a su señora con una mezcla de lealtad y resignación – En el pasado era usted quien nos guio hacia la gloria y salvación, ahora es nuestro turno de cumplir ese destino, ¿Ha pasado tanto tiempo y aun le pesan esas cadenas? – Tocando la mejilla de su maestra, la estrella Sherat solo puso una mirada llena de tristeza.

-

—Es algo más complicado que eso —respondió Aries con voz baja—. De todas formas, ya es momento de quitarme estas penas de encima. La promesa que hice entonces ya se cumplió - Mirando sus cadenas con cierta melancolía, Aries solo pudo pronunciar algunas palabras que apenas fueron audibles:

-

«¿Esto es lo que querías, Amay? No los juzgué y confié en el cambio que buscabas... Aun así, hacer esperar a una señorita tanto tiempo no es muy noble de tu parte, idiota.»

-

El susurro se perdió entre las hojas del claro, pero el peso de esas palabras pareció hacer vibrar el propio bosque. Sherat permaneció en silencio, con los dedos aun rozando la piel pálida de su señora. Por un instante, el aire se volvió más pesado, como si el bosque mismo estuviera escuchando.

Aries cerró los ojos por un momento, dejando que un leve suspiro escapara de sus labios. Las cadenas que la mantenían prisionera emitieron un leve tintineo, casi como si respondieran a su voz. En su interior, los recuerdos de aquella guerra lejana seguían ardiendo con la misma intensidad de siempre.

Has llegado al final de las partes publicadas.

⏰ Última actualización: 2 days ago ⏰

¡Añade esta historia a tu biblioteca para recibir notificaciones sobre nuevas partes!

VelztekDonde viven las historias. Descúbrelo ahora