Capítulo 30

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Maito no había logrado dormir, después de brindarle cobijo a su esposa en la noche, se levantó junto al alba. Había dejado una pequeña nota sobre su lado en la cama y salió de la recamara. 

pidió que preparasen para tomar su primer comida del día en el salón que daba al jardín ya que deseaba disfrutar de las plantaciones antes del invierno. 

Minutos más tarde, su amigo, puntual como nunca antes había llegado para la reunión. Tomó asiento a su lado derecho y bebieron una reconfortante taza de infusión. 

-¿Cómo van los preparativos para la comitiva a a capital? -Yama se colocó el pan en su boca para liberar su mano y sacó de su bolsillo interior un papel. 

-Ya se han ordenado quince caballos para los soldados que nos acompañarán. -Leyó buscando rápido. -Seis carretas serán necesarias para transportar los muebles, tiendas, suministros y alimentos... usaremos mulas para tirar de ellas. Un total de diez sirvientes personales: cocineros, carniceros, sirvientas y mozos de cuadra. 

Yama guardó el papel en su pecho otra vez y finalizó. 

-Será una comitiva de 35-40 personas. -Maito asintió. -Mucho más pequeña que la que se realizó hace un mes para ir hasta la tundra de Tepath. 

-Es lo mejor... de esa forma podremos movernos más rápido y llegar a Umbranfell en menor tiempo. 

-¿Y cuando salimos? 

Los golpes en puerta interrumpieron la conversación, Maito detuvo a Yama, que estaba por ponerse de pie, le señaló su taza pidiendo que continuara en la mesa. 

-Señor, Lord Dharma Ito, está en la puerta. -dijo la voz del centinela detrás de la puerta. 

-Que pase. -Ordenó. 

Al cruzar el umbral Maito dejó escapar una sonrisa, el hombre se veía cansado y se notaba que se había excedido de los tragos. Detrás de él entró el soldado que lo acompañó en la noche. 

Esta vez tenía el rostro descubierto, traía un traje típico de tepath, como el que él había usado para la ceremonia en la montaña, con la característica parte descubierta del hombro derecho que había visto en la mayoría de sus trajes. Collares con pedrería y las trenzas con gemas. Lo único que podía resaltar diferente era ese gran dibujo en la mitad de su cara derecha.

 Lo único que podía resaltar diferente era ese gran dibujo en la mitad de su cara derecha

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-Tome asiento, por favor. -Maito lo invitó a tomar su lado izquierdo y le indicó a las sirvientas que trajeran una taza para él. 

-Lord Maito, Sir. -Tomó asiento y el hombre quedó de pie detrás de él. 

Yama miró al chico, era apuesto, pensó... no podría ser guardaespaldas de su Señora, Maito no lo permitiría. 

 .Gracias por recibirnos tan temprano. -dijo Dharma Ito, acomodándose pesadamente en el cojín. Su voz sonaba rasposa, con la marca del vino aún en la garganta.

BALADA DEL LOBOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora