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En el momento que Erza Scarlet abrió los ojos, no pudo evitar soltar un quejido más. Su cuerpo entero se encontraba tan adolorido que a penas era capaz de moverse, ante la cantidad inmensa de vendas que cubrían su cuerpo, no pudo evitar preguntarse si logro romperse un hueso esa vez. Pero al ver rostros conocidos a su alrededor que la recibían con un caluroso saludo, fue más que suficiente para dejar soltar un suspiro de alivio mientras se dejaba caer en aquella cama improvisada y escuchaba atenta lo que sucedió después de que cayera inconsciente.

Sin duda, pelear contra el pasado siempre supondría un reto difícil para todos, pelear contra aquellos enemigos que tanto les costó derrotar, recordar las viejas cicatrices marcadas en sus cuerpos, recordar aquellos viejos traumas que habían deseado olvidar. Nunca sería fácil de superar y menos una segunda vez.

Pero ellos fueron capaces de hacer lo imposible posible.

Magos tan fuertes que son capaces de superar aquellos miedos que antes los paralizaban. La amistad que los unía y que lograba sacar lo mejor de cada uno. El coraje que sacaron de lo más profundo de ellos al ver a un amigo, a un compañero o a esa persona importante de su vida, heridos o al borde de la muerte. La fuerza que mostraron para levantarse una vez más y pelear hasta salir victoriosos de aquella pelea absurda contra el pasado.

Solo magos como ellos lo hicieron realidad.

La historia de cadáveres ya no supondría ningún peligro para aquellos magos que superaron el pasado tormentoso y que se dirigían a pelear por aquel futuro tan brillante que querían alcanzar una vez que la guerra terminara.

Aquellos rostros sucios y magullados de tantos golpes como alguna que otra mancha de sangre en sus ropas, ahora mismo eran capaces de sonreír con felicidad al anunciar que lograron recuperar el puerto de Hargeon. Aquella, era una victoria digna de celebrar después de tanto dolor y cansancio. Logrando derrotar y capturar a uno de los Spriggan con un gran costo de por medio, solo quedaba derrotar a los soldados que aún se quedaron atrás para hacer cosas arriesgadas.

La limpieza sería fácil de hacer, muchos de ellos podían respirar mientras se recuperaban de aquellas heridas. Justo ahora que se habían quedado agotados al usar toda su magia, solo les quedaba descansar bien, comer un poco y después, irse a otra región de Fiore para apoyar a sus demás compañeros.

Podían ser rivales, pero los magos como ellos, siempre se apoyarían sin dudar.

Aquella rara amistad que los unía, sin duda, quedaría marcado de por vida en ese momento. Una victoria más para cada uno de ellos.

Al escuchar las hazañas de cada uno de ellos, Erza sonrió mientras se levantaba con cuidado. Las conversaciones tan triviales que tenían todos, las copas que chocaban para festejar lo victoriosos que salieron. Pero del otro lado, se escuchaban los gritos de dolor, se apreciaban con tristeza las lágrimas que era imposible contener de todos aquellos que se enteraron de las perdidas que tuvieron en aquella dura pelea donde obtuvieron su libertad.

Desgraciadamente, de eso se trataba la guerra. Existían festejos de victoria, pero también existían aquellas amargas lágrimas ante la perdida de un ser querido. Cambien existía una dolorosa despedida.

La guerra siempre arrebataba vidas.

Cuando menos se esperaba, el alma misma era arrebatada de la manera más cruel posible.

Moviendo su cabeza de un lado a otro, Erza no quería pensar en esas cosas. Si pudiera evitar aquel trágico destino de sus compañeros de gremio, entonces, era momento de levantarse de aquella cama y seguir peleando, no importando que sus huesos se rompieran en el proceso, realmente quería irse de ahí. Necesitaba encontrarse con ellos, necesitaba regresar a casa y saber que todos ellos se encontraban bien.

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