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"No te vayas, te lo ruego, Zera. No quiero estar sola de nuevo, no quiero..."

Un momento sumamente doloroso para ella. Su corazón aún es capaz de dolerle al recordarla. Es imposible que las lágrimas no se conviertan en un mar que mojen sus mejillas. Sin embargo, aún es capaz de sentir la calidez de aquellos brazos que la abrazaron con un cariño desgarrador que deseaba no soltarla nunca. Quería que permaneciera a su lado para siempre, quería crecer con ella y ver el mundo que se había perdido en todo ese tiempo.

Era a partir de este momento cuando su historia comenzaba.

La historia de una pequeña joven de rubios cabellos que tuvo que despertar de una ilusión que había creado ella misma al darse cuenta que su mejor amiga solo era un fantasma que solo ella podía ver. Una amiga que había muerto desde hacia ya muchos años.

¿Que tan doloroso tenía que ser todo eso?

No tiene idea como es que fue capaz de avanzar con ese dolor.

"Mavis, ¿Sabes adónde van las hadas?"

Una suave voz que le quiebra el alma misma, el suave toque de aquella mano que es imposible de olvidar. La delicadeza con la que quita las lágrimas como la suave risita que viene de ella. La sentía a su lado al mismo tiempo que la sentía alejarse de ella. Deseaba con todas sus fuerzas que no dijera aquellas palabras.

"A mi corazón..."

"¿Y yo también estaré ahí? Porque a donde sea que este Mavis, ahí yo quiero estar..."

Mavis quería creer, aunque su corazón mismo le decía que no debía hacerlo.

Pero aquello, no sonaba como una despedida.

Aquello, sonaba como un hasta luego.

Quizá, fue así como logro avanzar en todo este tiempo.

"Es hora de despertar Mavis, ellos te necesitan..."

Abrió los ojos perezosamente. Sentía que había tenido un largo y profundo sueño. Pareciera como si su presencia había estado a su lado, pero aquello no podía ser verdad, ella se había ido desde hace mucho tiempo.

Tomando una gran bocanada de aire, podía sentir como todo el aire entraba en su pecho. Soltando poco a poco el mismo por la boca al mismo tiempo de sentir una horrible sed que necesitaba humedecer sus labios agrietados. Con un poco de dificultad, subió su mano a donde su corazón mismo golpeaba con suavidad.

Una suave sonrisa apareció en su rostro.

Se encontraba viva.

Su cuerpo entero se sentía pesado, por lo que le costo un poco levantarse de aquellos escombros, a paso torpe, empezaba abrirse camino por aquel lugar destruido. Dolía horrores su cuerpo entero, aquel ultimo ataque de Cana había funcionado. Dejando a un lado el dolor, se encontraba feliz de que su plan realmente fuera certero, ni siquiera era capaz de imaginar que hubiera pasado si su suposición fuera incorrecta.

Salir de aquella lacrima, les había asegurado una gran victoria al gremio. La hada estratega, un nombre del cual incluso en este presente aún es capaz de sentirse avergonzada, había despertado al fin para hacer frente contra aquella hada horrible.

Hablando de Cana, no era capaz de sentir su presencia. Ni de ella, ni de nadie del gremio. Aquello le preocupaba demasiado, después de aquel rayo de luz que golpeo el continente entero y que prácticamente las cegara, temía lo que pudiera ocurrir con Zeref suelto en las calles de Magnolia.

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