El corazón me palpitaba muy fuerte contra el pecho y creo que por varias razones obvias. Lo tenía delante de mi, al fin, por fin le podía decir todo, hablarle, verle, oirle, transformándolo a realidad en vez de en un vago recuerdo de la última vez.
Tragué saliva a duras penas tras un instante cuestionarme lo que había hecho. ¡Dios, lo había besado! Bueno... rozado mis labios con los suyos, pero... ¡Dios!, de repente la cabeza me empezó a dar vueltas. Yo... nunca me hubiera imaginado que hubiera sido capaz de eso, vale que estaba cambiando y había decidido que con eso mi lema fuera actuar y no pensar, pero... por esa regla de tres, ¿pensaba realmente en besarlo?
No me explicaba como había podido hacer eso, de acuerdo que la presencia de aquel Tom me incomodó y él en concreto me enfureció pero ahora que pensaba con la cabeza en frío quizás fue muy atrevido. ¡Oh! Pero por supuesto que lo había sido, que se supone que le iba a decir ahora, y si me preguntaba un por qué que es lo que le iba a contesatar o qué argumentos iba a sacar para defenderme, que desde que lo conocí había cambiado mi vida, que gracias a él soy otra, que no debaja de pensarlo día sí y día también aunque sea tan solo un instante, que no me podía quitar de la cabeza su sonrisa, esa sonrisa que me deslumbrada a la vez que cortaba la respiración, ¿qué se supone que le iba a decir? Todo eso. ¡No!
Juro que mis piernas hubieran hechado a correr si no fuera porque él habló...
-Va... ya, eso... eso ha sido, ¿raro?
Sobra decir que yo casi me desmayo allí mismo. De un momento a otro mi mente se puso en funcionamiento de la forma más rápida que pudo, necesitaba buscar, encontrar, una buena excusa para explicarle porqué mis labios terminaron junto a los suyos durante unos escasos segundo. ¿Qué decirle? Qué lo hice para que aquel zarrapastroso de Tom se tragase todas sus palabras, pues sí, pero... me daba tanta vergüenza. La antigua Dulce se negaba a abandonarme, me influía de tal manera que tiraba a bajaos mi nueva moral y sobre todo mis planes.
-¿Dulce? -me llamó curioso, creo que porque seguramente mi me había oido respirar.
Un roce en mi pierna hizo que diera un brinco en mi asiento, era Max que muy alegre y sacudiendo su cola venía a saludarme. Yo con la mano temblorosa alcancé a acariciar la cabeza al perro.
-¿Te encuentras bien? - ¡Chris! Dios es cierto... seguía ahí, como no, yo y mis maravillosos nervios. Él se encontraba "mirándome", verme reflejada en sus gafas oscuras hizo que una electricidad me recorriera toda la espalda. De nuevo tragué saliva a duras penas.
-Chris yo... lo siento, no... - Mi lengua decidió dejar de funcionar para poner otra vez a mi cerebro en marcha, la excusa de que sufro transtornos de personalidad me resultó demasiado exagerada.
-Dul... no te disculpes, no... no pasa nada -juraría que estaba nervioso pero... ¡Maldito! Me había dicho Dul de nuevo, ese cariñoso diminutivo de mi nombre y dicho de sus labios me hicieron delirar.
Si mi cerebro no hubiera estado procesando información de aquella manera creo que lo más probable es que yo misma me hubiera pegado. No se podía ser más patética, había demostrado lo valiente que era atreviéndome a besarlo (rozar sus labios) y ahora me encontraba hecha un manojo de nervios y sin saber que decir.
-Sabes... no te ofendas pero, habeces me das a pensar que sufres unos leves transtornos de personalidad e incisto, no quiero que te moleste...
¡Ja! Que ironía del momento más grande acababa de ocurrir. Muchas cosas volvieron a pasar por mi mente como si fueran una carrera de caballos. En primera volvía a tratarme como si nada, con la misma confianza, que no me molestaba, y tan ameno y símpatico y por su puesto, por si no lo nombré y cosa que creo que es de deducir, él, volvio a sonreir.

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Amor Ciego
RomanceAmor, ¿qué diablos es el amor? Más que cuatro letras juntas y que al pronunciarlas suenan bien seguro. Amor... la palabra más bonita que describe el sentimiento en el que más plena te sientes, en el que te sientes viva al notar que te quieren y quie...