-Dilo.
-No.
Zoro pegó su cuerpo al de la morena.
-Dilo.
-No.
La tomó de la cintura.
-¿Y ahora?
-No.
Recorrió las curvas de ella con los dedos.
-Vamos, mujer.
-No vas a sacar nada así, Kenshi-san.
Él apartó su cabello negro y le susurró al oído.
-Por favor.
-No quiero.
Zoro situó sus labios a pocos milímetros de los de ella.
-No te lo voy a pedir más.
-Pierdes el tiempo, Kenshi-san.
El espadachín comenzaba a molestarse. Sí que era cabezota. Pero estaba loco por ella y se encontraba juguetón, por lo que cogió a la chica como si fuera un saco y la metió en su habitación.
-No, Kenshi-san. Tengo mucho que hacer. - dijo Robin golpeándole la espalda.
-¿Como qué? ¿Como pasear ese trasero por ahí? - Zoro la tiró sobre la cama. - Prefiero que estés conmigo, nena. Ahora serás castigada por no decirme lo que quiero oír.
Robin sonrió resignada.
-Con gusto, pues. - rió mientras le quitaba la camiseta.
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-Nada, ¿no? - murmuró Sanji encendiendo el quinto cigarrillo de la mañana.
-No. - admitió el espadachín.
-Pero no se te ve del todo disgustado. - dijo el rubio con una sonrisa.
-¿Cómo estarlo si me acuesto con una diosa?
-Por favor, no me lo restriegues más... mi Robin-chwan... - lloriqueó el cocinero.
-Es que no tengo a quién contárselo. Eres mi mejor amigo. - Zoro esbozó una sonrisa de disculpa.
-Qué asco me das.
-¿A que te ensarto con las tres espadas?
-¿Quieres que te pise esa cara de marimo que tienes?
Ambos se disponían ya a comenzar el combate final cuando las chicas entraron en la cocina.
-¡Nami-swan! Cada día más bella. ¡Robin-chwan! Quien pudiera... -
el espadachín le golpeó las costillas. El rubio se corrigió. - ...hacerte unas buenas tostadas para desayunar.
Las dos mujeres soltaron una risita y dieron los buenos días. Levantarse a la una de la tarde no le sentaba mal a la morena (en realidad, nada le sentaba mal). Estaba preciosa con una blusa blanca, que le llegaba a la parte superior de los muslos y una coleta desenfadada. Nico Robin nunca llevaba maquillaje, pues poseía una belleza natural innegable. Las dos amigas parecían dos ángeles juntas, jugando y coqueteando entre ellas.
Ahora Robin se estiraba para alcanzar una jarra de uno de los estantes más altos. La blusa que llevaba dejaba al descubierto más de lo que nuestros dos hombres podían soportar. El peliverde tapó los ojos al rubio y cerró los suyos con fuerza. No quería que la sangre llegase a sitios inadecuados. Pero la tentación le pudo y abrió los párpados lentamente. Robin se encontraba a centímetros de su cara.
![Kenshi-san [Zorobin]](https://img.wattpad.com/cover/48856712-64-k15114.jpg)