XXII

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Como me estoy muriendo de hambre planto mi culo sobre una roca y comienzo a comer la comida que tan duramente me he ganado.

Llegar de nuevo a la casa resulta ser mucho más rápido, ir cuesta abajo tiene sus ventajas.

Aunque me siento la persona más sucia del mundo ahora mismo Edward casi me pide de rodillas el ducharse primero, no entiendo a qué viene tanta urgencia si aunque recorriese el desierto de Catar seguiría pareciendo un modelo de Versace. Claro está, que yo nunca me dejo hundir aunque esté sucia y tenga ganas de agua, tengo una alterativa que me mantendrá entretenida hasta mi turno de ducha.

Nadar en el mar es relajante, ponerte bocarriba, hacer el muerto y escuchar el sonido del mar es cien veces mejor.

Cuando creo escuchar mi nombre vuelvo a incorporarme en el agua y veo a Edward llamarme desde una de las puertas de la habitación. Supongo que es la señal que me avisa de que ya es mi turno de ducha.

Edward me espera hasta que llego hasta el.

- Habrá una cena especial- parece que lo que se refleja en sus ojos dorados es un atisbo de diversión y por un breve momento siento curiosidad por saber que tendrá pensando o que planes maquiavélicos estará elaborando en ese cerebro que lee mentes.

- Vale- digo a la misma vez que lo miro con los ojos entrecerrados.

Él tan solo se ríe antes de irse de nuevo.

La ducha no resulta ser la más corta de mi vida porque entre los restos de arena de la playa y el dolor de mis músculos por la caminata la ducha se torna más bien en un tratamiento de rejuvenecimiento. 

Rebusco en la maleta por nueva ropa interior pero las verdaderas opciones escasean. Al final solo tengo un bonito y sexy conjunto color blanco tostado y... ningún pijama. 

Es como ir en bikini. Es como ir en bikini. Es como ir en bikini. 

- ¿Edward?- lo llamo desde la habitación-. ¿Puedes venir un momento? 

- ¿Te pasa algo?- pregunta abriendo un poco la puerta. Justo cuando se da cuenta de que me ha encontrado en ropa interior gira la mirada. Vaya... eso es bastante dulce- Lo siento, debería haber llamado antes. 

- No, no. Es que me preguntaba si me dejarías una de tus camisetas. Resulta que... no hay otra cosa en mi maleta que no sea... ¿esto?- digo inocentemente-. Si quieres puedo cogerla yo misma...

- No- me corta de forma un poco demasiado cortante. Entra en la habitación si dirigir la mirada hacia mi cuerpo y rebusca en su maleta hasta dar con una de sus camisetas. Alarga una camiseta blanca y la tomo de su mano antes de pasarla por mi cabeza para ponérmela. 

- Gracias- susurro sin saber muy bien que más decir. 

- Ven- dice tomando mi mano y ¡por fin! mirándome-. Vamos a cenar. 

Cuando entramos en el salón no me encuentro con la zona perfectamente iluminada que ha sido durante estos días. Hay velas encendidas en lugar de luces y cojines esparcidos en el suelo. 

- Te has tomado muchas molestias- comento mientras llego hasta los cojines en el suelo. 

- Lo he hecho en segundos- dice esbozando una sonrisa bastante pícara. Le devuelvo la sonrisa-. Puedes sentarte. Ahora vuelvo. 

Me siento encima de un cojín y estiro las piernas delante de mi cruzando mis tobillos. Huele a verano. Cierro los ojos y trato de concentrarme en eso durante los pocos segundos que tarda Edward en volver con una tarrina de cartón y una cuchara en sus manos. 

DULCE TENTACIÓN [EDWARD CULLEN]Donde viven las historias. Descúbrelo ahora