Capítulo 19: Los dominantes

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—Debes irte. Aquí ya no estás seguro —su expresión, normalmente alegre, estaba llena de tristeza.

—Mamá, no os voy a dejar aquí —intenté cogerle la mano, pero ella la apartó rápidamente negando con la cabeza.

—Debes hacerlo. Si te quedas con nosotros, no te podremos proteger. La fortaleza cuidará bien de ti.

—No me iré allí, no sin vosotros —me acarició la cara, sabía que eso era una despedida. El punto final de mi vida en esta casa.

De repente, se escucharon unos fuertes disparos, haciendo que ambos cayéramos al suelo viendo como la ventana se rompía en miles de pedazos. Mi madre, se levantó rápidamente para ver lo que estaba pasando afuera con cara de pánico. Yo también me erguí y miré hacia donde estaban puestos los ojos de mi madre, no lo debería haber hecho.

Mi padre, el hombre más valiente y fuerte que conocía, cayó de rodillas por culpa de un disparo, haciendo que una mancha envolviese su pecho y dejándolo así inconsciente para llevarlo a la muerte. Todo mi cuerpo comenzó a temblar y un par de lágrimas ocuparon mis ojos para luego resbalar por mis mejillas sin cesar. Nunca había presenciado ninguna muerte, y nunca pensé que la primera sería la de mi padre.

Al girar la vista hacia mi madre, vi como se había puesto la mano en la boca para no gritar. Estaba haciendo un esfuerzo inhumano para no derrumbarse.

En ese momento, el sonido de la puerta de la entrada abrirse y unos pasos nos hizo despertar del insomnio. Eran los dominantes. Mi madre cogió la pistola, que en esos momentos se encontraba en el suelo, y me puso detrás suya. Las pisadas se acercaban lentamente al pequeño cuarto en el que estábamos y se nos acaba el tiempo.

—Vete por la puerta trasera, por detrás del granero —me susurró.

Sabía que estas últimas palabras serían su despedida. Que ya nunca le volvería a escuchar nada.

La mujer que me había criado durante toda mi vida me dio un beso en la cabeza y un medallón plateado para luego agarrar firmemente la pistola y salir corriendo hacia donde estaban los dominantes.

Sé que debería haberme movido en ese momento, pero no lo hice, dado que estaba paralizado. Sólo escuchaba fuertes disparos y cosas romperse. Me asomé al pasillo para ver si seguía viva, tenía que estarlo. No me podía marchar a la fortaleza, no sin ella y sabiendo que la había abandonado a su suerte. Al asomarme, la vi luchando contra los asesinos de mi padre. Todos estaban encapuchados y no podías ver a tu contrincante. Mi madre me vio alzando los ojos sorprendida, pensando que ya me había ido. Pero ese momento de distracción, fue su debilidad. Recibiendo así un disparo en la sien, dando fin a su vida como la de mi padre. Al caer, todavía seguía algo consciento por lo que pude ver como articulaba:

—Corre

No lo dijo con tristeza, si no como una orden. Corrí con todas mis fuerzas. Las lágrimas no paraban de manar de mis ojos y eso hacía que apenas viese, pero no fue ningún impedimento para parar. Escuchaba pasos detrás de mí, por lo que corría más para que no me alcanzase. Salí de la casa por la puerta trasera como me había dicho y fui por detrás del granero. Después de un tiempo, ya no escuchaba nada salvo mi respiración agitada y mis pisadas. Mis pulsaciones iban a cien por hora, pero no me importaba. Ya nada me importaba.

Me acordé de días antes, en los que mis padres andaban muy preocupados por casa. Íbamos a mudarnos, pero yo no sabía el motivo. Habíamos recogido ya la mayoría de nuestras pertenencias, pero mi padre no llegaba de trabajar hasta mañana. Así que lo esperamos, ella mordiéndose las uñas y yo impaciente. Cuando llegó fue demasiado tarde para que todos nos salvásemos.

Mi madre me había dicho el día anterior que si algo malo ocurría, fuese a la fortaleza. Decía que ahí estaría a salvo. A salvo de los dominantes. Me enseñó cómo se accedía ese mismo día diciéndome a qué ladrillo había que pasarle la mano para que se desvelase la entrada. De aquella, pensaba que nos íbamos a salvar todos, solo un día antes de que todo sucediese, antes de que solo quedase yo. En un segundo mis padres estaban muertos.

Por eso, fui hasta la fortaleza donde me acogieron como me había dicho mi madre. Se lo debía. Ahí, me dieron un nuevo hogar, una nueva vida. Pero me juré que nunca sería mi casa. Yo solo estaba ahí para poder vengar la muerte de mis padres, de los que unicamente me queda un medallón de plata.

 

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