Capítulo 16: Nunca mataría

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Will

Pude ver cómo se alejaba lentamente Liz. No entendía muy bien por qué nos habían separado y qué significaba eso. Mi cabeza era un torbellino de pensamientos. ¿Quería eso decir que tenía algo diferente?

La chica que nos había traído a Travelson se dirigió a mi mesa. Sólo se escuchaban sus pisadas, el silencio había ocupado toda la sala.

—Will, vén debes acompañarme afuera —su mirada era indescifrable.

Me levanté intentando hacer el menor ruido posible, sin conseguirlo. Ya que la silla comenzó a chirriar. La seguí al pasillo sin pronunciar ninguna palabra.

—¿Qué marcaste en la última pregunta? —su expresión interrogatoria me hacía dudar de si debía responderle.

—¿Qué quieres decir?

—En la última pregunta del test. ¿Qué contestaste?

—No —respondí dubitativo—. Nunca mataría.

Empezó a maldecir por lo bajo soltando una lista de tacos.

—¿Qué está ocurriendo?

—Le dije a Kate que te protegería... —logré escucharle—. Todo es culpa mía...

Su tono arrogante se había desvanecido.

—Jane, por favor, dime que está ocurriendo.

—Esa pregunta era la clave del test. Era la que servía para decidir si os quedabais o os usaban. Las personas que no la responden, como tú, son utilizadas como experimentos.  —se tapó la cara con ambas manos, pero no lloraba. Únicamente fue un momento en el que perdió los nervios, ya que inmediatamente recuperó la compostura—. No debes decir nada.  Voy a eliminar tus respuestas y diré que se ha estropeado la pantalla por lo que te he hecho el cuestionario oralmente. ¿Entendido? Te llevaré yo misma junto a tu hermana.

Su voz ya sonaba normal y decidida. Sobreponía sus responsabilidades a sus emociones, cosa que  admiraba. Se notaba que era una líder innata. Me cogió del brazo y entramos en la sala.

—¡Clyde! A este me lo llevo yo. Hubo un fallo en su programa.

Un chico corpulento se giró en nuestra dirección. Era bastante alto y musculoso. Sus ojos claros y apenados lo contrariaban, viendo así, su vulnerabilidad.

—Pues yo me quedo con estos, Jane —al pronunciar su nombre me di cuenta de que algo le unía. Parecía que se sentía culpable.

Cuando salimos al pasillo, logré soltarme de su mano.

—¿Quieres explicarme de qué va todo esto?

La chica me miró con las cejas alzadas.

—Tú hermana no sabe  nada de los iniciados —esta vez rió, pero era una risa forzada cargada de tristeza—. No sabe a qué son sometidos aunque sea una líder. Cuando la veamos, lo único que debes decirle es que te encontrabas mal y que te tuve que llevar a la enfermería, pero que ya estás mejor. ¿De acuerdo? —tenía esa forma de preguntar tan persuasiva que lo único que pude hacer fue asentir.

Seguimos caminando hasta que volvió a hablar.

—¿Tú hermana es muy amiga mía, sabes? Cuando vino aquí, yo acababa de llegar con mi hermano Alex. Tendría unos quince años de aquella, y mi hermano catorce. En las pruebas físicas, creía que no íbamos a dar aguantado ya que estábamos muy delgados y débiles, y apenas dábamos seguido el ritmo. Ella nos ayudó —hizo una pequeña pausa y me miró a los ojos—. Empezó a venir con nosotros y a ayudarnos en el entrenamiento. Cualquiera que se metiese con nosotros, lo lamentaba. Kate, siempre ha sido muy respetada en esta fortaleza. ¿Entiendes por qué es tan importante para mí que estés bien?

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