Cuando me desperté, habían pasado dos días. Me dijeron que ese gas somnífero, era bastante fuerte, sobretodo para los recién llegados, por lo que era normal que te dejase inconsciente un par de días.
Me asignaron una habitación con baño incluído. Ésta, no estaba muy amueblada. Tenía una silla frente a un escritorio, una cama, un armario con un par de prendas y una pequeña estantería para poner algunas cosas. Parecía bastante anticuada, comparada con la ciudad. Era como las alcobas de un castillo. Todo de madera y paredes piedra.
Will estaba en el cuarto de al lado. Me lo había encontrado en el pasillo. Llevaba unas tostadas en una bandeja acompañadas de un zumo. Él se había despertado un día antes que yo, razón por la que sus conocimientos de la fortaleza eran mucho más amplios que los míos. Me contó que estábamos situados en un lado alejado a los internos y que no nos permiten salir de esta parte, por lo que aún no ha podido encontrar a su hermana. Me dijo que ha intentado salir, pero hay una especie de puertas que transmiten una descarga eléctrica.
Estábamos atrapados, ¿no era que querían ser libres? Qué ironía.
A Jane y a Alex sí que los vemos. Pasan de vez en cuando para ver cómo estamos y nos traen nuevas noticias de nuestras hermanas. De la mía no saben mucho, pero de Kate, así llaman a la hermana de Will, sigue aquí en la fortaleza. Trabaja como supervisora jefa. Estos días tiene mucho trabajo y por eso todavía no pudo ver a Will. Al principio, se enfadó mucho al saber que Will estaba aquí, pero luego se calmó y lo único que quería hacer, era verlo.
Hay más gente como nosotros. Iniciados que acaban de llegar aquí. La mayoría de ellos se escaparon de casa, son huérfanos o buscan a alguien. Algo similar a nosotros.
Nosotros conocemos a algunos. Hay unas gemelas, llamadas Allison y Alice. Tienen dieciséis años. Son pelirrojas, con un montón de pecas surcándoles la pálida piel. Tienen unos intensos ojos verdes y suelen llevar una trenza de lado. Ambas son bastante simpáticas. Tienen esa cualidad de mirarte como si te comprendieran perfectamente y supieran todo lo que les vas a contar. Son muy comprensivas. Se sientan en nuestra mesa, en el comedor, junto a Kyle y Dafne. Ellos también son hermanos, aunque no de sangre. Adoptaron a Dafne con un año cuando su hermano tenía dos. Por lo que él tiene diecisiete y ella, dieciséis. Kyle tiene una cabellera rubia, casi plateada, lo que hace que con su pálida piel parezca transparente. Ella, sin embargo, tiene el pelo castaño claro con reflejos rubios levantado en una coleta junto a un flequillo perfectamente cortado en la frente. Ambos son muy listos y observadores. Kyle no habla mucho, es más serio, pero Dafne suele decir siempre todo lo que piensa. A ella no le caigo muy bien que digamos, lo que hace que su hermano tampoco se me acerque. Ellos solo se sientan con nosotros porque se llevan con las gemelas pelirrojas, y bueno, hablan con Will. Mi compañero de viaje parece caerle bien a todo el mundo salvo a Scott, pero él no come con nosotros. Viene después. Es bajito y tiene el pelo negro como el carbón. Sólo tiene catorce años. Es huérfano.
Aparte de comer y dormir, nos entrenan un poco. Vamos a una pista donde tenemos que correr una hora al día como mínimo, hacer cien flexiones y cincuenta abdominales. Debemos poner en forma nuestro cuerpo para ser más útiles en la pelea. Luego, del entrenamiento, aprendemos a usar las armas de aquí. A diferencia del castillo y las habitaciones, tienen un armamento tan avanzado como la ciudad. Las más difíciles de usar, pero más eficaces, son las automáticas.
Te pones un chip pegado a la sien y verás todo como la pantalla de un ordenador. Para disparar, usas una pistola con mucha potencia. Solo tienes que mirar, poner el círculo en el objeto que desees derribar y pensar que esa bala atraviesa el objeto. Al principio es un poco difícil controlar el pensamiento o que no te tiemble el brazo, pero luego ya le acabas cogiendo el truco. Aparte de disparar, ese chip sirve para muchas cosas, como para buscar un mapa o mirar quién está detrás de ti. Solo se maneja con el pensamiento. El problema es que no puedes luchar cuando lo llevas puesto, ya que se cae con facilidad.
—Debes mirar bien tu objetivo antes de que se dispare la bala de goma —me repetía una y otra vez Jane. Ella es nuestra instructora por la mañana, y por las tardes es Alex.
Intentaba hacer lo que me mandaba, pero me era casi imposible al principio. Ya que se disparaba y solía chocar en todas partes menos a la diana, lo que provocaba alguna risa por parte de Dafne.
—Menos mal que estas balas son de mentira, porque si no, ya me habrías matado un par de veces —se burlaba Alex, al que le tiraba cada dos por tres alguna goma y él, dramáticamente, hacía que se caía.
Cuando miraba a mis compañeros, me di cuenta de que les iba a la mayoría mejor que a mí. Scott no tenía mala puntería y por lo menos los demás no le alcanzaban a sus instructores.
—Coge el arma como te enseñé —me recordaba Jane todos los días.
Este entrenamiento, era bastante agotador, lo que hacía que no pensase en Lía.
«¿Dónde estás, Lía?»
Decía a la nada.
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Ligados
Science FictionTodo el mundo de Elizabeth cambiará con la marcha de su hermana mayor, Lía. Quién decide irse de casa antes de su ligación, el día en que unirían su mente con el de otra persona para que tuviese empatía con ésta. Pero no solo esto representará un gr...
