La Aventura apestaba. Se vanagloriaba de sus sesenta remos, su vela única y un casco largo y esbelto que prometía velocidad.
«Es pequeña, pero puede servirnos —pensó Quentyn al verla. Eso había sido antes de subir a bordo y percibir el olor—. Cerdos», fue su impresión inicial, pero a la segunda bocanada de aire cambió de opinión. Los cerdos tenían un olor más limpio. Aquel era el hedor de orina, carne podrida y excrementos en un orinal; apestaba a cadáver, a pústulas y a heridas infectadas, y era un olor tan fuerte que ahogaba los del salitre y el pescado del puerto.
—Me da ganas de vomitar —comentó a Genis Drinkwater.
Estaban esperando al capitán del barco, y se derretían bajo el calor sofocante al tiempo que se ahogaban en el hedor que les llegaba de cubierta.
—Si el capitán huele como su barco, confundirá tu vómito con perfume —replicó Genis.
Quentyn estaba a punto de sugerir que probaran suerte en otro barco cuando el capitán apareció por fin, acompañado de dos tripulantes con aspecto de granujas. Genis los recibió con una sonrisa. No hablaba el volantino tan bien como Quentyn, pero para mantener su tapadera tenía que llevar la voz cantante. En la Ciudad de los Tablones, Quentyn se había hecho pasar por mercader de vinos, pero la farsa había llegado a cansarlo, de modo que cuando los dornienses cambiaron de barco en Lys, aprovecharon para cambiar de papeles. Abordo de la Triguero, Cletus Yronwood se hizo pasar por el mercader y Quentyn por el criado; en Volantis, tras la muerte de Cletus, Genis asumió el papel de mayor importancia.
Genis Drinkwater era alto y de piel clara, con los ojos de color azul verdoso, el pelo como la arena bañada por los rayos del sol y una constitución esbelta, atractiva. Tenía un porte tan confiado que bordeaba la arrogancia. Nunca parecía incómodo, y hasta cuando desconocía el idioma encontraba la manera de hacerse entender. En comparación, Quentyn quedaba muy por debajo con sus piernas cortas y rechonchas, su complexión recia y su pelo castaño como la tierra recién labrada. Tenía la frente demasiado despejada, la mandíbula demasiado cuadrada y la nariz demasiado ancha.
—Tienes cara de honrado —le había dicho una chica en cierta ocasión—, pero deberías sonreír más a menudo.
A Quentyn Martell, igual que a su señor padre, nunca le había resultado fácil sonreír.
— ¿Es veloz vuestra Aventura? —preguntó Gerris en su titubeante alto valyrio.
—No hay barco más rápido, honorable señor. —El capitán de la Aventura reconoció el acento y respondió en la lengua común de Poniente—. La Aventura podría adelantar al mismísimo viento. Decidme adonde queréis ir y os llevaré antes de que os deis cuenta.
—Quiero ir a Meereen con mis dos criados.
Aquello hizo que el capitán se detuviera en seco.
—No sería la primera vez que voy a Meereen. No me costaría encontrar el rumbo, pero ¿para qué? Allí ya no hay esclavos ni nos espera ningún beneficio. La reina de plata ha acabado con todo. Incluso ha cerrado los reñideros, así que los pobres marineros no tienen ni adonde ir a divertirse mientras les cargan las bodegas del barco. Decidme, mi buen amigo ponienti, ¿qué se os ha perdido en Meereen?
«La mujer más bella del mundo —pensó Quentyn—. Mi futura esposa, si los dioses lo quieren. —En ocasiones, en plena noche, se despertaba imaginando su cuerpo y su silueta, y preguntándose por qué querría casarse con él una mujer como aquella, habiendo tantos príncipes—. Yo soy Dorne. Lo que querrá es Dorne.»
—Nuestra familia se dedica al comercio del vino. —Gerris empezó con el embuste que habían acordado previamente—. Mi padre tiene grandes viñedos en Dorne y quiere que abra mercados. Tenemos la esperanza de que las buenas gentes de Meereen estén interesadas en nuestro producto.
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Danza de Dragones
Fiksi IlmiahDaenerys Targaryen intenta mitigar el rastro de sangre y fuego que dejó en las Ciudades Libres e intenta erradicar la esclavitud de Meereen. Mientras, un enano parricida, un príncipe de incógnito, un capitán implacable y un enigmático caballero acud...
