Querido Dios - Parte 8

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Capítulo 8

Querido Dios

No mucho tiempo después de haber salvado a Candy de esos chicos estaba en mi recámara, era por la tarde. ¡Miraba por mi balcón y divisé una cuerda que era lanzada para sujetarse de la rama de un árbol y una chica que se deslizaba en ella como Tarzán! ¡Era ella, se dirigía hacia los dormitorios de los chicos! Los dos jóvenes que fueron a recibirla al puerto: Su recámara está al lado de la mía. Un día, el elegante, entró por error a mi cuarto. ¡No sé que me sucedió, pero me enojé, me enojé mucho y lo golpeé y le grité! Quizás fue porque probablemente estaba celoso porque estaba con Candy en el puerto y en el hotel... ¡Y ahora ella va a su cuarto! ¿Por qué? Escuché que son primos, pero aquélla mañana ese cobarde decía que ella trabajaba en los establos... Escuché rumores de que es adoptada, eso significa que ellos no son primos de sangre... así que puede haber algo entre ellos... ¿Por qué permito que mi imaginación vuele? Estaba vigilando y la vi descender escalando desde el balcón y después caminar hacia su cuarto. Me sentí aliviado de que no estuviera mucho tiempo en el cuarto de sus primos.

Entonces llegó el quinto Domingo, el día en que se les permite a todos los estudiantes salir con sus familias. Debido a que yo no salgo ni con mi papá ni con mi madrastra, estaba fumando en una pequeña colina en los jardines de la escuela. Estaba acostado en el pasto, sintiéndome relajado cuando escuché a alguien hablando. Era ella, estaba sorprendida de verme fumar y entonces me dijo que era malo para mi salud. Ella estaba ahí, cerca de mí y por supuesto, en lugar de ser amable con ella, empecé a actuar nuevamente como un estúpido. Me comporté como un tonto preguntándole por qué no podía estar en paz... soplé una nube de humo a su rostro. Ella empezó a toser diciéndome que debería estar avergonzado de mí mismo por esconderme para fumar... le ofrecí un cigarrillo y por supuesto lo rechazó diciendo que no lo necesitaba; le dije que no pusiera esa cara, que no le favorecía especialmente con sus pecas. Le dije que cuando se molesta sus pecas se ven más y la llamé "Señorita pecas". Entonces me repitió que su nombre no era Pecosa y que yo era un grosero, un insolente y toda clase de adjetivos... ¡No puedo creer que haya sido tan rudo! Le pregunté cómo debería llamarla para complacerla, si debía llamarla "Señorita Tarzán" ... me preguntó por qué... y le dije que había visto una soga blanca la noche anterior lanzada y sujetada de una rama y que había una mona vestida de blanco deslizándose en la soga y aterrizando en el balcón del cuarto de los chicos. Ella tenía el aspecto de estar meditando. Yo descubrí su secreto... por un segundo la vi preocupada. Entonces le pegunté cómo sería mejor llamarla, Señorita Pecas o Señorita Tarzán, probablemente debería llamarla Chita la mona. Ella me prohibió llamarla de esa manera. Le contesté que su deseo sería concedido y la llamé "Mona Pecas"... le dije que no se enojara más, que no se veía bonita, que sus pecas se hacían más visibles. Entonces le pregunté qué estaba haciendo ahí ya que era quinto Domingo. Ella me preguntó lo mismo. Le dije que no me gustaba la compañía de las personas, que me gustaba estar solo; ella dijo que esa no era una razón. Me dijo que ese lugar era su colina y que me prohibía fumar o contaminar el aire que sus árboles respiraban. Entonces se fue. Me lo reproché... ¡Todavía no puedo creer que haya perdido otra oportunidad para hablar con ella! ¡Estábamos solos en la escuela, era la oportunidad perfecta! Pero por supuesto, como siempre, actué como un grosero... como si una parte de mí quisiera alejarla.

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