No me apartes (Primera parte)

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—No me apartes—

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*_LEVI_*

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El viento soplaba con fuerza, con un desamparo terrible y los pequeños copitos de nieve acompañaban despacio, con ritmo. No quería mirar hacia atrás y volver a encontrarme con su mirada triste y sus hombros cabizbajos; no quería ver un reflejo de mí mismo en él porque sabía que seguramente yo tenía la misma expresión. Tampoco quería encontrarme con el rostro de Marlene, de pie aún frente a la baranda que daba paso hacia la puerta de entrada del avión. Lo más seguro es que no me tomara en cuenta, casi como había sido todo el viaje pero de todas formas, preferí obviar por completo ese detalle y salir de una maldita vez del aeropuerto.

Las palabras de Eren continuaban revoloteando dentro de mi mente, como si ya no estuviera lo suficientemente confundido con todo el asunto. ¿Qué es lo que tenía escondido en aquel libro? No lo entendía del todo, pero no iba a detenerme a pensarlo, en ese mismo momento no podía hacerlo. Si quería obtener algún tipo de información debía actuar ahora, aprovechar que Marlene probablemente continuaría dentro del aeropuerto, tomar el libro y largarme. Aunque bueno... Tampoco estaba tomando en cuenta la idea de pedirle que me deje entrar de manera cordial pero conociéndola lo más natural sería que se niegue rotundamente e incluso que me insulte por ser tan desvergonzado. No es como si me importara realmente la opinión de una bruja como ella, mi lista de personas que parecen odiarme es bastante larga ya, no pasaría nada si aumenta un nombre más; podía vivir con ello, enserio. No tenía ningún jodido problema. Suspiré apretujándome en el abrigo y subiendo un poco el cuello de este para evitar que mis orejas también terminen congelados y, de paso, para que ningún camarógrafo logre reconocerme. Aun así no podía hacer mucho por mis dedos. Había olvidado por completo sacar los guantes del interior de la maleta, y aun no lograba encontrar a ese tipo alto que se supone había traído mi auto. Iba a hacerlo yo mismo pero Eren me había pedido –de la forma más estúpidamente infantil- que vaya junto a él en el auto de su madre.

— ¿Cómo se llamaba este tipo...? Bertha... No, es un hombre... ¿Bertho?... ¡Bertholdt! — giré los ojos, sintiéndome bastante imbécil en ese momento, pero al menos me tranquilizaba saber que ahora podía culpar a alguien por sentirme tan perdido de vez en cuando...

Y eso volvió a sonar más cursi de lo que en un principio pretendía.

Al no ver rastros de ese tal Bertholdt opté por continuar caminando lejos del aeropuerto, no me importaba del todo el auto en ese instante, bueno si me inquietaba el hecho de que no apareciera pero podría arreglar eso en otro momento, cuando tuviera tiempo y mi vida no estuviera peligrando por alguna fan loca que me culpe de haber hecho a su ídolo gay o, inclusive, del flash de los cámaras amenazando con dejarme algún daño permanente en los ojos.

Estaba siendo exagerado... Era consciente de eso, pero era mi mente y mientras nadie pudiera escucharme estaría bien.

Tras considerar un par de minutos la idea de volver al aeropuerto y que así, Marlene me dé razón de mi auto, preferí tomarme el trabajo de estirar mi mano y buscar algún taxi con la mirada; no creí que fuera a tardar, pero el universo parecía querer jugar un rato más conmigo por lo que tuvieron que pasar varios minutos para que por fin un maldito taxi tenga la decencia de estacionarse frente a mí. Giré los ojos y tras dar una última mirada hacia el aeropuerto, entré; lo saludé de forma seca y le dicté con cierta urgencia la dirección.

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