Mientras me ames

2.6K 174 75
                                        

.

.

.

—Mientras me ames—

.

.

.

No...

No lo iba a permitir.

Halé con fuerza mi brazo izquierdo hacia abajo, llevando conmigo el fuerte agarre de uno de los guardias hacia el piso, para que al menos pierda el equilibrio por unos cuantos segundos. No es como si fuera realmente bueno en defensa personal pero tampoco se podía decir que era en absoluto malo. Pasar la mayor parte de mi adolescencia vagando por aquellos callejones oscuros por donde solían rondar unos cuantos conocidos no fue del todo inútil. Me vi obligado a aprender unas cuantas técnicas de defensa y así poder golear a quienes se querían pasar de listos conmigo. Lo dejé luego. Apenas ingresé a la universidad. Por el simple hecho de que en realidad nunca me ha agradado del todo golpear gente.

Pero si se trataba de este tipo de casos, estaba dispuesto a dejar relucir nuevamente todos esos años de aprendizaje.

Aproveché que uno de los gigantes cayó de rodillas sobre el suelo para agacharme y deslizar mi pierna sobre el piso hasta terminar cerca de las piernas del otro. Entonces tomé viada y lo pateé con fuerza, provocando que este también caiga sobre él. Me levanté rápidamente y antes siquiera de que ellos me vuelvan a ver, me escurrí por entre el caótico gentío. A esas alturas era más que obvia la sorpresa en el rostro de cada uno de los integrantes de la banda, al igual que en el de varias personas paradas a mí alrededor. Pero las pasé por alto a cada una.

Quien primero escapó del shock fue Mikasa, quien abrió de par en par los ojos y la boca al observar lo que había provocado. Luego fue Armin, que enseguida saltó en mi rescate y fue a detener a los guardias que seguramente aún me estaban siguiendo, Reiner fue a ayudarlo. Pasaron justo por mi lado gritando un "Deténganse. Él tiene permitido entrar", y me vieron pareciendo estar aliviados y ante todo agradecidos. No entendí el porqué de tales expresiones si había sido yo quien había provocado tremenda anarquía fanática en su viaje. Pensando en eso solo asentí y volví a mirar hacia al frente, topándome enseguida con el rostro de Mikasa oculto tras una máscara roja y de diminutos volados de color negro pegados a los bordes.

—Espero que seas consciente de lo que estas a punto de hacer.

—Si no lo estuviera, te puedo asegurar Mikasa, que ni siquiera me hubiera aparecido.

Ella sonrió cínica, luego se movió a un lado. Con un silencioso mensaje escrito en sus ojos de "Puedes pasar" —Ten cuidado. Mamá hizo algo.

Eso me provocó escalofríos. La miré de soslayo con sospecha— ¿De qué hablas?

—No te lo puedo decir ahora—murmuró viendo hacia un punto inexistente cerca de mi hombro— No lo sé con certeza pero sé que fue algo malo.

—Define malo, Mikasa.

—No puedo hacerlo ahora—soltó un poco más fuerte. Volvió a susurrar luego—Mamá está aquí, seguramente nos está viendo.

Apreté la mandíbula frustrado pero lo dejé pasar. Era más que seguro que esa mujer nos estaba viendo, ella no desaprovecharía una oportunidad como esta. Tenía que estar atenta a lo que fuera y desconfiar de quien sea. De cualquiera. Me pregunté con amargura si también lo haría de su propia hija.

Y exactamente por qué lo hacía.

—Será mejor que vayas—entre tanto ajetreo y confusión había olvidado en donde estaba parado y al instante me vi volviendo a la vida al recordar a Eren.

Amigos con DerechoDonde viven las historias. Descúbrelo ahora