Capítulo 1

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New York

Diciembre 2016

Otra vez tenía esa sensación de vacío que tanto malestar le causaba incluso cuando no quería admitirlo. Pero estaba llena, al mismo tiempo. No podía pedir más de lo que aquellos ojos verdes entrecerrados le estaban ofreciendo para que ella simplemente lo tomara. ¿Qué harían si todo era descubierto? ¿Cómo explicaría el hecho de que le gustaba tenerla entre las piernas, como en ese mismo momento? ¿Cómo explicaría que no había conseguirlo sacarla de su mente?

No cabía pensamiento en su cabeza y su corazón latía con tal rapidez que sintió que aquel ritmo casi se convertía en taquicardia. Sus ojos se cerraron con fuerza, mientras la humedad entre sus piernas crecía, sus músculos se tensaban y las paredes en su centro se contraían fuertemente, y de su garganta salía un grito tan fuerte como letal.

Sus caderas se movieron sin consideración, esperando que todo aquello no acabara nunca, a pesar de que no deseaba que fuera eterno. No quería dejar de sentir ese placer que al mismo tiempo la hacía sentir sucia e indigna. Su respiración se calmaba, poco a poco, mientras punzaban sus piernas y su centro, exhausto y acabado, sensible ante la respiración de la chica de ojos verdes, que no dudó en pasar lentamente su lengua por aquellos pliegues con clase, queriendo reforzar aquella victoria recién obtenida que la convertía en una egoísta traidora.

- Te odio, Lauren. -Soltó entre jadeos, tratando de recuperar su ritmo al respirar.

- No lo haces. -Respondió aquella voz, que sonaba ronca en el punto exacto de hacerle perder el juicio. Luego aquella mujer se levantó, dejando ver su piel blanca apenas tapada por su brassier negro desacomodado y quitado a medias. - Nunca podrás hacerlo, por más que te esfuerces - aseguró, convencida de aquella verdad de la que ambas eran conscientes.

- Eres tan arrogante...-soltó mientras su mandíbula se tensaba.

- Y tú eres bastante molesta, Cabello- devolvió, colocándose la blusa fucsia que antes había volado a un lado de ella, quien se mantuvo arrodillada en la alfombra suave que cubría el piso de la habitación.

- Vete- pidió sin más, con seguridad, mientras se tapaba con las pesadas cobijas que se habían mantenido debajo de ellas. Lauren sonrió de lado, pero no era una sonrisa dulce. Había dolor, y burla. Había decepción, pero resignación.

- No pensaba quedarme, Camila -aseguró con sinceridad -Tienes que llamarle a Vero para contarle lo fantástica que eres en el trabajo, lo mucho que la extrañas y todo lo que le evite ingerir tantas pastillas que la lleven al hospital- dijo con sarcasmo. Aquellas palabras le dolían, pero al mismo tiempo, le servían para tratar de probar su punto, aunque no lo tuviera claro.

- No sé cómo puedes hablar así de ella, Lauren. Era tu amiga, ella...

- Para - Pidió para luego reír con ironía- No me digas eso después de todo lo que ha pasado. Por favor, sólo no lo hagas...

- Lauren... Tú fuiste quien...

- No te atrevas a culparme, Camila. -Soltó. Su tono era duro y áspero. Pero hacía todo un poco menos doloroso. Encontró su falda corta y la colocó, levantándose para ponerse los tacones altos. Quedaron a la vista sus rodillas recientemente maltratadas por el contacto con la alfombra.

- Vete, Lauren. Lucy debe estar esperando tu llamada, también- dijo como último recurso. Aunque aquellas palabras lastimaran. La de ojos verdes asintió, comenzando a caminar hacia la entrada de aquella lujosa habitación. Pero sus pies se detuvieron un momento.

- Espero que mientras Verónica te cuente algo de su aburrida existencia, no siga la sensación del orgasmo que acabo de darte - sentenció para salir por fin, dejando a Camila con la impotencia a flor de piel y un nudo en la garganta.

Aquello era una burla, abiertamente, pero a pesar del rencor, seguía disfrutando de la palpitación entre sus piernas, mientras notaba como Lauren se perdía de su vista, con el aire victorioso y arrogante de siempre.

CONTINUARÁ...


Divididas (COMPLETA)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora