Capítulo 11

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Capítulo 11

New York, diciembre 2016.

No había podido dormir en el transcurso de la noche, y aquello era visible por las ojeras que se habían marcado debajo de sus verdes pupilas. Sabía que no era correcto lo que había sucedido, que tenía que ser más fuerte y no dejarse llevar por las sensaciones que sólo Camila podía provocarle. Sabía que bajo las circunstancias en las que se encontraban, debía ser ella quien detuviera aquello por lo que la castaña fue hacia su habitación. Pero no lo había hecho, y pesaba más en su conciencia el hecho de que aquello no le causaba arrepentimiento. Estaba estancada, estaba encadenada a Camila y no había forma de negárselo.

Su cuerpo todavía estaba desnudo, pero no era aquel grado de intimidad lo que realmente le preocupaba. Su angustia iba más bien dirigida al hecho de que su brazo estaba justo debajo del cuello de la castaña, quien se aferraba fuertemente a ella, colocándole su brazo rodeando directamente su piel blanca. Aquello era algo que iba más allá del sexo, que significaba un lazo irrompible que lejos estaba de ser sano. Lauren lo sabía, y por ello había intentado sin éxito desprenderse de aquel contacto.

Justo cuando iba a tratar por última vez, la castaña sintió el movimiento de su cuerpo, y abrió los ojos con rapidez. Su mirada de sorpresa inicial fue cambiada por una de vergüenza.

- No...- dijo con su ronca voz matutina, mientras se tocaba la cabeza, en una clara señal de dolor causado por la resaca. Miró su otro brazo y al notar el contraste de su tono de piel con el blanco abdomen de Lauren, lo quitó rápidamente.

- Camila...

- ¿Qué pasó?- preguntó con molestia, levantándose de la cama sin siquiera preocuparse por ser vista desnuda. Lauren la contempló por unos momentos, para luego simplemente cubrirse con la sábana y levantarse de la cama. Camila se vestía a prisa con la ropa tirada del lado de la cama en el que se había quedado dormida. La castaña se maldecía internamente por haberse permitido aquello, considerando una de sus citas literarias favoritas, que decía que "hacer el amor con una mujer y dormir con una mujer son dos pasiones no sólo distintas sino casi contradictorias. El amor no se manifiesta en el deseo de acostarse con alguien, sino en el deseo de dormir junto a alguien"...

- ¿No recuerdas?... Anoche estaba en mi habitación y llegaste muy tranquilamente a pedirme que...- no continuó, al notar la mirada furiosa de Camila, quien en ese momento ya tenía puesta la ropa interior y la falda, haciendo que sólo faltara abotonarse la blusa. La velocidad con la que había cubierto su cuerpo era impresionante.

- ¿Y no podías simplemente detenerlo, Lauren?...- preguntó con molestia.

- Lo intenté, Camila, pero tú...

- ¿Pero yo qué?...

- Camila, ni siquiera me dejaste pensar, ¿bien?... Empezaste a besarme y yo no pude...

- ¿No pudiste detenerte?...- preguntó con frustración, terminando de abotonar su blusa. – Por dios, Lauren, no somos un par de adolescentes hormonales que no pueden frenar estas cosas... Estaba ebria, ¿bien? ¿No pudiste parar a una mujer ebria con mucho menos fuerza que tú?...- preguntó con ironía. – No puedo creer que seas tan...- comenzó, pero se detuvo al darse cuenta de que estaba a punto de decir algo que no deseaba. Deteniendo su boca, dio la media vuelta para salir de la habitación, pero Lauren se levantó para ir tras ella y girarla con facilidad, consiguiendo que ambas quedaran de frente, con las respiraciones agitadas.

- ¿Tan qué?... – preguntó sin calma.

- Tan aprovechada, tan patética... ¿Es la única forma en la que puedes mantenerme contigo?...

- Por favor dime que no acabas de preguntarme eso- respondió sinceramente, pero Camila no cedió. – Antier también jodimos, ambas en nuestros cinco sentidos, y si no mal recuerdo también fuiste tú quien lo inició. Por lo menos deberías tener el valor de aceptar las cosas. Por lo menos acepta que siempre terminas pidiéndome lo que tu esposa no es capaz de darte.

- No hables de Verónica- pidió con un tono de advertencia que no pasó desapercibido para la de ojos verdes.

- ¿Por qué?... Ella no me va a escuchar. Tú eres la que no quiere oír la verdad. Ella no está aquí como para tener que asimilar el hecho de que su mujer, a la que tanto quiere, se acuesta con alguien más a la primera oportunidad que tiene y encima se atreve a deslindarse de la responsabilidad.

- No la menciones, bien. No tienes derecho a...

- ¿Y ella sí tenía derecho a hacer todo lo que nos hizo?...- preguntó.- ¿Sabes? Si no supiera que va a intentar suicidarse con aspirinas otra vez, le diría todo lo que sigues sintiendo por mí. No puedo creer que me digas "patética" cuando aquí la única que está con alguien por lástima eres tú. Tú eres la patética, Camila...- dijo con un nudo en la garganta. Aquellas palabras le dolían, aunque eso pasó a segundo término en el momento en el que la mano de Camila se estrelló directamente en su mejilla, sorprendiéndolas a ambas.

- Lauren, lo siento...- intentó disculparse, pero la de ojos verdes simplemente se dio la media vuelta.

- Lárgate...- pidió sin girar para verla. A pesar de todas las situaciones que se habían suscitado a lo largo de los años que tenían de conocerse, nunca habían llegado al grado de alguna agresión física. Eso traspasaba cualquier barrera que Lauren pudiera tolerar. Peleaba y creía en la igualdad de género, y tampoco justificaba ese tipo de comportamiento entre parejas del mismo sexo. Mucho menos entre alguien que ni siquiera tenían un vínculo social, aunque fuera caso contrario su vínculo afectivo y sexual.

- Lauren, discúlpame...

- Dije que te fueras, Camila- pidió en un tono que le indicó a la latina que debía salir de ahí lo antes posible, por lo que eso hizo, dirigiéndose a su propia habitación. Al llegar a ella, se tumbó en la cama, sabiendo perfectamente que acababa de equivocarse de una forma grave. Después de todo lo que había pasado y lo que ella había hecho años atrás, ¿quién era para hablar de autocontrol y de lo patético que podía llegar a ser alguien?...

CONTINUARÁ...



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