Aquel sitio se encontraba inundado de un olor a lavanda que le tranquilizaba desde siempre, aunque en ese instante no fuera suficiente del todo. Había pasado una semana desde que regresó del viaje a New York y las cosas no habían cambiado desde las últimas palabras de Lauren. "Dije que te fueras, Camila", resonaba en su cabeza de una forma casi tétrica, mientras recordaba la mirada de odio que Lauren tenía puesta en ella. La de ojos verdes nunca la había mirado de esa forma a pesar de todo, y eso le indicaba lo grave que había sido su error en esa ocasión.
Seguía sintiéndose una estúpida por toda la situación. Lauren tenía razón cuando le había dicho que ella era quien tenía mayor cantidad de culpa acerca de lo que había pasado en aquel viaje.
La primera noche argumentó la necesidad de estar cerca por cuestiones laborales. Camila lo justificó con un "Tratemos al menos de arreglar las cosas antes de que Johanson se dé cuenta de que no podemos estar mucho tiempo en el mismo sitio". Aquello se convirtió en un error tras empezar con una plática casual acerca del último libro leído, y luego pasar al más significativo de su vida. La conexión entre ellas nunca había sido por afinidad, sino por lo mucho que solían asombrarse y sorprenderse por sus diferencias que, curiosamente, parecían encajar a la perfección, al grado de que acompañadas por sólo una copa de vino tinto y una de sus pláticas siempre profundas y sorprendentes la habían llevado a ser la primera que se acercara para besarla profundamente antes de que la de ojos verdes pudiera pensar siquiera en rechazarla.
La segunda noche, culpó a los recuerdos y a la nostalgia. Todavía sentía como reales aquellas imágenes en la que Lauren le mostraba la ciudad de New York por primera vez, años atrás, mientras le aseguraba que ese era el primero de los muchos viajes que harían juntas. Lauren no se equivocó, pues gracias al trabajo efectivamente viajaban a menudo, pero no lo hacían de aquella manera romántica que lo habían planeado. Su primer viaje a New York había sido el único que habían logrado compartir mientras mantenían una relación, y aquello seguía doliendo. Fue por eso que aquella tarde de hacía una semana, Camila había decidido tomar unas copas en el bar del hotel. Fue por eso que cuando los recuerdos comenzaron a llegarle dolorosamente a la cabeza, trató de ahogarlos con más "copas dobles de lo mismo", mientras el mesero cumplía sin rechistar con aquellas órdenes. Fue por eso que reaccionó con indiferencia al par de chicos que se acercaron a ella preguntándole si podían acompañarla y fue por eso que terminó bebiendo tanto que el mismo camarero que la atendía, terminó por llamarle a un empleado de confianza para que la llevara de vuelta a la recepción y luego a la habitación en la que se hospedaba.
Pero Camila sabía que no podía justificarse con el exceso de alcohol para decir que terminó en la habitación de Lauren por causa del mismo; lo cierto era que desde que Lauren se fue esa misma mañana, horas antes, Camila ya necesitaba sentir su cuerpo nuevamente. Aquel pensamiento le asustaba, pues los sentimientos que tenía no lograban desaparecer por más que se esforzara en ello, y esto le generaba una frustración casi intolerable.
Por esa razón en ese instante se encontraba en casa de la única persona que podía hacerla sentir cierta seguridad, a pesar de los años, a pesar de las dificultades por las que incluso su amistad había tenido que atravesar gracias a los errores de Camila. Nunca se había sentido juzgada por aquella mujer, pero en el fondo sabía que su mejor amiga no estaba del todo de acuerdo con las decisiones a través del tiempo. Sin embargo, siempre había contado con ella, con su refugio, con su particular manera de hacerla sentir bien aunque fuera con palabras fuertes o con frases directas que le destrozaran el mundo de felicidad falsa que trataba de construirse todos los días.
Estiró la mano para recibir el té que la rubia le ofrecía, y que contenía un par de sobres de manzanilla, dos cucharadas de azúcar, y un trago muy ligero de leche de soja, como solía beberlo. Luego la miró sentarse en el sofá negro, dejando entre ellas una separación pequeña. Los ojos expresivos de la otra chica la miraban, mientras una sonrisa tranquilizadora cumplía a la perfección su función.
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Divididas (COMPLETA)
Fiksi PenggemarHay amistades eternas , amores para siempre y todo lo que suceda entre ambos. Dividir: Establecer una separación o servir de separación entre dos o más personas o cosas. NO SE PERMITEN ADAPTACIONES/MODIFICACIONES/COPIAS
