Capítulo #7

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El enfoque para mi campaña sería un tema sobrio. No quería abrumar a los posibles votantes y tampoco había mayor necesidad de hacerlo. Camila Hyde solo estaba en segundo año, nadie confiaba algo tan serio como la Presidencia Escolar a una persona tan chica. Milo Fumahierba Stenvens, por otro lado, pues, nadie votaría por él; nadie en su sano juicio, al menos.

Me saqué tres fotos para mis carteles, en la primera me coloqué un jersey azul, me hice una coleta y me puse unos lentes de pasta que hacía mucho dejé de usar. Descarté esa foto de inmediato, si de verdad quería dejar una huella en Marshall, esa huella no se podía ver opacada por una nerd estereotipada, una de esas nerd que tanto odiaba. La borré sintiendo rabia conmigo misma, y mientras me sacaba la segunda foto pensaba aun en qué impulso diabólico me había llevado a vestirme así en primer lugar.

Para la segunda foto conservé el jersey, dejé que mi cabello cayera en ondulaciones y sonreí levemente. También la descarté. No podía olvidar para qué era la foto. La idea no era representarme en una típica nerd fofa, pero tampoco como una modelo de pasta de dientes.

Cuando iba a sacarme la tercera foto, mi madre lanzó un grito desde las escaleras. Zoe acababa de llegar. Asomé la cabeza por la puerta y le grité que subiera. Mientras lo hacía me miré al espejo y acomodé un mechón de cabello con una pinza.

Zoe no venía sola y me gustaría creer que supe controlar mi sorpresa, aunque por la risa de la chica, probablemente no.

La amiga de Zoe se presentó con una de las animadoras, de nombre Azlyn. Zoe se disculpó por no haber avisado que venía en primer lugar, y en segundo porque venía acompañada. Aunque me molestaba lo segundo, no lo expresé.

Zoe se percató de la cámara y comenzó a hacer preguntas. Hubiera preferido no responderlas pero no tuve más opción. Para mi sorpresa, ambas se mostraron entusiasmadas por la idea y se ofrecieron a ayudarme. Así que posé para la foto y Zoe la sacó. Las tres juntamos nuestras cabezas y vimos la imagen.

—Seria genial que ganaras, Heather —manifestó Azlyn—. Podrías prohibir el uso del negro, odio ese color. —Miré a Zoe de reojo, ella respondió con una risita disimulada.

—Creo que un Presidente Estudiantil tiene deberes más importantes —dije sin poder evitarlo. ¿Estaba siendo odiosa? Quizás, pero más odiosa hubiera parecido si expresara lo que en verdad estaba pensando: «En vez el negro, ¿por qué no prohíbo la estupidez?»

Es cierto —accedió Azlyn sin muestras de haberse ofendido—. El Baile de graduación, por ejemplo. El año anterior el tema fue invierno. Si ganas, lo vas a tener difícil. ¿Qué podría ser mejor que un baile de invierno? —Zoe sonrió y dijo.

—Un baile de nerds. ¿Qué digo baile? Mejor una guerra, ¿no Heather? —La miré y las dos rompimos en carcajadas.

Una de las razones por las que me hice rápidamente amiga de Zoe, fue porque era bastante lista, aunque ella lo ignorara en ocasiones. Zoe era un poco perezosa y bastante fresca y relajada todo el tiempo, pero bajo todo eso se escondía una chica realmente lista que no aprovechaba su potencial al máximo, y era evidente que acababa de atar cabos.

Ethan y todo su aire arrogante en la cafetería. Ethan y la forma en que nos mirábamos en clases. Ethan y el buen promedio que arrastraba de su instituto anterior. Mi plan para dejar una huella en Marshall. Los mateatletas, el club de arte, mi candidatura a presidente escolar.

—Entonces —continuo Zoe cuando nuestras risas se ralentizaron—. ¿Qué pasa si ganas? ¿Se acabó la guerra? —Azlyn nos miró de ida y vuelta sin comprender. Yo me dirigí a mi computador y comencé a imprimir la foto.

La guerra nerdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora