Capítulo #5

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Cuando llegué al salón de artes dramáticas se estaba presentando el último aspirante. Me quedé de pie a un lado de la puerta esperando a que terminara su presentación. Neil hizo una muy buena actuación de Jack Sparrow y quizás mi amor hacia Johnny Depp haya influenciado a que amara aquella interpretación.

Cuando terminó vi al profesor de arte sonreír, felicitarlo y decirle que estuviera pendiente de la lista con los que quedaron y que se publicaría en una semana. Cuando el profesor se ponía en pie entré y le expliqué que yo también estaba en la lista. Al principio parecía desconcertado, pero luego revisó la lista y asintió con el ceño fruncido.

—Es cierto, pero llegas tarde.

—Si profesor, y lo lamento, es que —«Aja, ¿es que qué Heather? ¿Cuál es tu excusa? Te estás transformando en uno de esos vagos estudiantes que tanto desprecias, dando excusas para todo.»

Escucha —me interrumpió el profesor mientras bajaba la mirada a la lista para comprobar mi nombre—, señorita Jones, la puntualidad es muy importante en mis clases. ¿Qué crees que le dices a una persona cuando llegas tarde? Y no me refiero solo aquí. Esto forma parte de la vida cotidiana, señorita. Cuando llegas tarde, les dices a las personas que no las respetas. —«Este es el día de los sermones, ¿eh?»

—Lo sé profesor, he tenido una mala mañana —fue mi valiente excusa, el profesor abrió la boca para seguir su retahíla del respeto, pero Neil lo interrumpió, ni siquiera había notado que seguía ahí y por la reacción del profesor de arte, él tampoco.

—Profesor, si me permite. He visto clases con Heather y ella nunca llega tarde. Si hoy llegó tarde no fue porque sea su costumbre. Además ella es el primer lugar. —El profesor me estudió.

—¿Eres el primer lugar?

—Desde que llegué a Marshall, señor. —«Y puede que eso este por terminar gracias a un imbécil de cabello negro y sonrisa pretenciosa.»

—Te dejaré hacer la audición, pero quiero que entiendas que no tolero los retrasos. —«¿Existe algún profesor que lo haga?»

—Gracias profesor.

Neil se ofreció a cuidar mi mochila mientras yo me plantaba frente al profesor y otros tres estudiantes que ocupaban el aula. Me froté las palmas, me aclaré la garganta e hice mi monologo. Cuando acabé, el profesor asintió y me dijo que esperara a que publicaran en cartelera quien lo había conseguido. No hubo felicitaciones, ni aplausos, ni nada parecido a una sorpresa en su rostro. Por primera vez en toda mi vida, un profesor no mostraba ningún tipo de reacción positiva hacia mí.

Salí con Neil, tomé mi mochila y le pregunté.

—¿Crees que haya quedado?

—Lo hiciste bien. Seguro que sí. —Me sonrió.

Vaya, mírenme estudiantes del instituto Marshall, yo, el primer lugar hablando con uno de los jugadores de fútbol, uno de esos que siempre había considerado menos que yo, pero que aquel día se mostraba amable conmigo. ¿Lo ven? Apaguen el televisor, esa caja mentía, ahí el amable era él y la bruja era yo.

—Gracias, Neil. Tú lo hiciste genial. Esa actuación de Jack Sparrow estuvo encantadora. —Sonrió con timidez y sus mejillas se encendieron.

—Gracias, creo que soy bueno para eso. ¿Sabes? Hasta hoy siempre había creído que solo era bueno para el fútbol. Pero hoy, en ese salón, me sentí... feliz.

«Me sentí feliz.»

Me repetí en la mente. ¿Me sentí feliz yo también? ¿Quería entrar a artes dramáticas? ¿Por qué lo quería? La respuesta a todo eso era: no. Lo había hecho por la presión de la batalla. Lo había hecho por esta guerra que le declaré a Ethan. Apreté la correa de la mochila y deseché todos esos pensamientos.

La guerra nerdDonde viven las historias. Descúbrelo ahora