No quería separarme de Zoe otra vez, pero no tenía opción. Su familia necesitaba de ella y era perfectamente entendible. De camino al trabajo de su padre, Zoe nos relató su experiencia desde el asiento trasero, sentada al lado de Ethan.
Nos dijo que iba saliendo del baño cuando escuchó el primer disparo y que sintió como si estuviera en un sueño, pues todos los que estaban en el pasillo en ese momento se congelaron por un segundo; luego de lo cual empezó el caos. Cuando el segundo disparo sonó, todo el mundo corría, nos dijo.
Dijo que se la llevaron por delante en varias ocasiones y que ese fue uno de los principales motivos por el cual no logró llegar hasta el aula del debate. El conserje, Gordon Hydes, fue su salvación, nos relató bastante conmocionada; mamá le dijo que estuviera tranquila, que ya no había nada que temer.
Zoe nos contó que se topó con él en una esquina y que con él estaban dos muchachas más. Juntos corrieron hacia el cuarto de la limpieza, pues Gordon tenía la llave del lugar y, por ende, era lo más seguro que podían encontrar.
Fue entonces cuando se dobló el pie, nos dijo. Pues, mientras corrían hacia el cuarto de la limpieza, ella resbaló en el suelo encerado.
Los sacaron de allí los policías, al igual que a los que estábamos en el aula del debate; hasta el momento, teníamos mucho que agradecer. Nos salvamos e íbamos camino de nuestras casas o al trabajo de nuestros padres, a respirar, comer un poco y sentirnos afortunados de seguir vivos. Pero yo no podía estar tranquila. Seguía pensando en esos chicos que no tuvieron tanta suerte y se toparon de frente con el tirador. Y también pensaba en él, en el tirador, en el chico que decidió esa mañana, mientras desayunaba un pan tostado, tomar un arma y disparar contra sus compañeros de instituto.
¿Qué tan desesperada tenía que estar una persona para tomar semejante decisión?
Ayudamos a Zoe a bajar del auto y la acompañamos hasta las oficinas de su padre. Ella y su padre se abrazaron con fuerza y él nos agradeció haberla llevado; luego nos fuimos. Mamá le preguntó a Ethan si quería ir con su madre y él dijo que no. Nos pidió que lo dejáramos cerca del colegio en que estudiaban sus hermanas y así lo hicimos.
Cuando bajó del auto, se despidió de mí con un ademán de su mano, como si no hubiera ocurrido absolutamente nada. Como si no hubiera existido un tirador, o una guerra entre los dos, o un beso, o las palabras que le dije antes de que Zoe apareciera.
***
Cuando descubrí la identidad del chico que disparó en Landon Marshall, me derrumbé. Fue dos días después del acontecimiento. La escuela decretó tres días de duelo por los fallecidos y desde entonces la pasé en mi habitación, leyendo libros de fantasía, escuchando música, haciendo cualquier cosa que me ayudara a olvidar tan horrible momento. Zoe llamaba seguido y de Ethan no sabía nada.
El segundo día después del tiroteo, Zoe vino a verme y nos pusimos a ver la televisión. Mamá estaba en la cocina preparándonos un pastel de arándanos cuando pasaron la noticia. Hablaban de las víctimas del tirador. Fueron cuatro en total: tres chicos y una chica. Luego colocaron una foto del asesino.
Piel pálida, ojos tristes y su rasgo más característico: mechones azules desperdigados por toda su cabellera. Era Mechones Azules, el chico que habló conmigo, el chico al que vi cómo algunos jugadores del equipo de fútbol sometían, el chico que me dijo que no me olvidara de los débiles si llegaba a ganarle a Ethan.
Lloré sin control y hasta creo haber gritado, pues mamá salió corriendo y me abrazó. Zoe estaba espantada, pues no entendía nada de lo que pasaba. ¿Cómo podía explicárselos? ¿Cómo les decía que yo tuve la oportunidad de ayudarlo y no lo hice? ¿Cómo les decía que me preocupé más por mí misma que por otra persona?
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La guerra nerd
Teen FictionEn el instituto Landon Marshall, graduarse no es suficiente; si no quieres ser perseguido por la «maldición del fracaso», debes dejar una huella imborrable. Heather Jones lo tiene todo planeado: con un promedio perfecto y una disciplina de hierro, e...
