La casa de Ethan era en resumen: un desastre, pero por absurdo que sonara, era un desastre adorable. Ethan era el único hombre de la familia Lodge, tenía tres hermanas, y su madre era enfermera, por lo cual tenía un horario muy complicado y al ser Ethan el mayor, le correspondía a él toda las responsabilidades de cuidar de la casa. Cuando fui consciente de su situación, sentí verdadera admiración por él.
Admiración que despareció cuando me senté sobre un juguete que estaba escondido entre los cojines del sofá y chilló. Él, a juzgar por su prolongada carcajada, lo encontró muy divertido. Su hermana Vero no tanto.
—¡El señor Tumnus! —chilló cuando me levanté y lo saqué. Al mirarlo vi que era un caballo de goma.
—¿Qué no era el señor Tumnus un fauno? —pregunté cuando la niña se fue con su muñeco escaleras arriba. Zoe estaba sentada a mi lado, Ethan recogía los pedazos del florero roto aun riéndose.
—Vero nunca ha entendido la diferencia —dijo controlando por fin su risa—. Pero dudo mucho que Heather Jones haya venido a discutir sobre muñecos con nombres de narnianos, así que al grano, Jones —exigió mientras dejaba escoba y pala contra una pared, y se sentaba en un sofá frente a nosotras. Había lavado sus manos hacía unos minutos, pero las manchas de harina en sus mejillas seguían allí.
—Hemos venido a proponerte un trato —dije con seguridad, él me estudió con sus ojos oscuros, luego sonrió de lado.
—Suéltalo. —Miré a Zoe quien me asintió con ligereza, llevé mi vista de nuevo a Ethan y lo dije.
—Creo que es momento de que comencemos a tomarnos la campaña en serio. Ya basta de trucos y artimañas, hagamos algo legal.
—¿Lo cual sería? —preguntó con un ligero canto en su voz mientras se restregaba las mejillas y las manchas de harina desaparecían.
—Un debate. —Me miró, una ligera duda en sus ojos. Zoe aprovechó la ocasión.
—Pienso que es una buena idea, Ethan. Les ayudaría a los dos. Las preguntas las puede realizar André, hablaríamos con un profesor para que diera fe de la legalidad del asunto
—Debate —la corregí, ella lo ignoró y siguió.
—Y sería completamente limpio, ten por seguro que es la mejor forma para descubrir quién es el mejor.
Ethan miraba a Zoe mientras se pasaba una mano por la boca, me pregunté si realmente lo estaba pensando o solo se tardaba en contestar para fastidiarme. En el momento en que abría la boca para hablar una niña más grande que las dos de antes pero más pequeña que Ethan salía de la cocina, ceño fruncido y expresión de fastidio en su rostro.
—Se quema el almuerzo —anunció mientas se cruzaba de brazos. Ethan lanzó una maldición y se perdió en la cocina. En efecto, segundos después salía un olor a quemado del lugar en donde imaginé estaba la cocina, la muchachita se sentó en donde había estado su hermano y nos miró.
—Mel, ¿cómo estás? —saludó Zoe, Mel se encogió de hombros.
—Aburrida.
—Cosa que no le sorprende a nadie. —Ethan regresaba, un paño sobre su hombro y el rostro sudado—. ¿No tienes cosas que hacer en tu habitación?
—No —contesto la niña, él la miró con severidad. Y he aquí la sorpresa que me llevé, Mel le devolvió la mirada y sin una palabra se puso de pie un minuto después y subió las escaleras. Era evidente que Ethan Lodge tenía carácter y no había que hacerlo enfadar.
—Bien, un debate —dijo él mientras se sentaba y retomaba la conversación abandonada, se tomó unos minutos y finalmente accedió—. ¿Hay algunas reglas?
—No, sí —contesté mientras sacudía la cabeza—. Quiero decir, tendríamos que hablar con un profesor y preguntar si ha habido debates antes y que pautas conllevan. —Asintió, una sonrisa bailando en sus labios.
—No negaré que esto me sorprende. ¿Puedo preguntar si mi entrevista tuvo algo que ver con esto?
—Por supuesto que no —contesté, Zoe soltó una risita a la que Ethan acompañó, comenzaba a sentirme estúpida—. ¿Se piensan tomar esto en serio?
—Claro —dijo él riendo, mis ganas de golpearlo en la cara iban en aumento—. ¿Cuándo tendríamos ese debate?
—En una semana, primero debemos hablar con un profesor, luego hacerle publicidad, finalmente prepararnos cada uno por nuestra cuenta. —Ethan asintió.
—Pienso que deberíamos hacer el debate junto con un segundo al mando —expresó—. El que hayamos escogido como vice-presidente, quiero decir. —Zoe me miró, lo cierto era que yo no tenía uno, pero no necesitaba pensarlo mucho tampoco.
—Bien, Zoe es la mía. —La miré, ella se veía sorprendida pero no dijo nada.
—Bien —accedió mientras se recargaba en su sofá. Comencé a sentirme incomoda en su casa, después de todo acababa de meterme en su territorio.
—Te mantendré informado, ahora... vámonos Zoe. —Me puse en pie, ella también aunque con un ligero bufido.
Ethan nos acompañó a la puerta, una vez allí dijo.
—Jones, excelente idea.
Y un segundo después cerraba la puerta. Acompañé a Zoe a su casa, todo el camino estuvo parloteando acerca del grandioso equipo que seriamos si ganábamos las elecciones. Yo solo pensaba en Lodge, y cuando me despedí de Zoe mi cabeza se volvió un lio completo. Simplemente no podía dejar de pensar en él, en lo que él estaba comenzando a representar para mí. Yo era hija única, tenía a mi madre con un trabajo que podría realizar desde casa, por lo cual era ella la que se encargaba de todo los quehaceres del hogar. Los míos solo involucraban mi habitación y mis deberes escolares.
Comenzaba a sentirme por primera vez en mi vida como una inútil. Logde tenía una carga pesada encima, se encargaba de su casa, cuidaba de sus hermanas y atendía sus actividades escolares y aun así era mejor que yo en muchas cosas.
Ese fin de semana no abrí un solo libro, ni estudié una sola fórmula matemática. Me la pase metida en mi cama, comiendo porquerías y viendo una maratón de la antiquísima serie Friends en mi pc. Hasta comencé a entender a Joey Tribbiani y su bellísima estupidez.
El lunes noté como algo había cambiado en el ambiente. Desde que coloqué un pie en los pasillos de Marshall noté miradas indiscretas sobre mí, al principio creí que se debía a personas que votarían por mí, pero cuando un Neil de rostro risueño se me acercó en mi casillero supe que las elecciones poco tenían que ver.
Al parecer la entrevista que André le hizo a Lodge había sido leída por casi todo la población estudiantil del Marshall y como sucedía siempre con los cotilleos, el chisme se había agrandado hasta llegar al punto en que se rumoreaba que Neil y yo estábamos comprometidos. Y quiero aclarar que no justifico en nada mi comportamiento cuando me enteré, pero pido comprensión, no era agradable que se hablara a costa tuya y encima: cosas falsas.
Cuando Neil comentó lo que se decía le grité, le reclamé por no aclarar el asunto y era muy posible que las palabras: idiota y bobalicón hubieran surgido en el momento. Luego comenzó mi búsqueda de Ethan. Lo conseguí en su casillero, con un libro de química abierto en sus manos y el rostro serio. Cuando me divisó abrió la boca, una disculpa comenzaba a formarse en sus labios pero fue interrumpida abruptamente cuando mi mano fue a estrellarse contra su mejilla.
—¡Vete al diablo Lodge, y más te vale que te prepares para ese maldito debate, porque te voy a destrozar Ethan, eso júralo!
Desde ese día y gracias a los pocos espectadores que presenciaron mis enfrentamientos con Ethan y Neil, mi popularidad como candidata comenzó a descender.
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La guerra nerd
Teen FictionExistía en la preparatoria Landon Marshall una tradición o más bien creencia realizada por los estudiantes de último año. Esa creencia condenaba a todo aquel que no la llevara a cabo a la maldición de un futuro miserable. Por eso, año tras año, los...
