El nuevo enfoque de mi campaña representó un incremento en mi popularidad del ocho por ciento en solo cuatro días, dos puntos más y quedaba en la misma posición que Lodge, por otro lado, también representó dos bajas. Cami y su amiguita abandonaban mis filas para unirse a las de Lodge. Antes de hacerlo, Cami argumentó sentirse decepcionada del cambio que había hecho, para ella las animadoras representaban todo lo que nunca seria y también: burlas la mayor parte del tiempo. Las risas y el apodo Cara Grasienta con que Natalie la bautizó no ayudaron mucho en ese sentido.
Según los cálculos de Zoe, el presente día viernes subiríamos esos dos puntos que necesitábamos, la estrategia era simple: Colocaríamos unas mesas en uno de los pasillos y regalaríamos lapiceras que terminaban con una pluma, las lapiceras decían mi nombre en vez de la marca. También regalamos cup cakes con mi nombre en ellos escritos con crema. Azlyn y Natalie entregaban los obsequios, llevaban puestos sus uniformes de animadoras.
—Ese es el anzuelo para los chicos, ¿qué es más sexy que las faldas de las animadoras?
Había sido el argumento de Zoe y yo no lo refuté, lo cierto era que estaba funcionando. Cada segundo que pasaba era más la gente que se acercaba por unos cup cakes o por lapiceras. Algunos chicos pasaban más de una vez para recibir un beso de alguna de las chicas.
Zoe tenía una libreta en las manos y llevaba una contabilidad de los regalos y las personas que aseguraban votarían por mí. Mientras entregaba un cup cake a un niño de primero ella me susurró.
—Yo creo que ya lo conseguimos, Heather. He visto muchas caras mirarte con un brillo en los ojos.
—¿Y que decía ese brillo, Zoe? ¿Qué les alegraba votar por una nerd que haría valer al gremio o que les alegraba votar por una popular? —No me contestó. En vez de hacerlo dijo.
—Deberías alegrarte, puede que lo consigas. —Asentí, no me sentía bien. Azlyn se nos unió a la conversación un segundo después.
—Estoy muy emocionada, Heather. Si ganas sería la primera vez que una popular es Presidenta del consejo estudiantil. —Fulminé a Zoe con la mirada, ella me hizo ademan de que guardara silencio, lo ignoré.
—¡No soy popular Azlyn, soy el primer lugar académico de Marshall! ¡Y no quiero ganar porque todos piensen que soy genial, quiero ganar porque saben que voy a ser una buena presidenta!
Nuestra mesa que segundos antes había sido un cuchicheo de estudiantes que hacían fila por los regalos había quedado en un silencio mortal. Miré a mis compañeros de instituto, en algún lugar de la fila un aplauso pausado sonó y poco a poco se fue extendiendo por todo el pasillo. Eso, eso sí me alegraba.
—Qué tontería. —Escuché decir a Natalie del otro extremo de la mesa.
—No le hagas caso, lo estás haciendo bien, amiga —me susurró Zoe. No dejé de percibir que no quería que Natalie, capitana de las animadoras, la escuchara, pero no le dije nada—. Bien, sigamos —alentó Zoe a Azlyn que con una sonrisa se puso a trabajar en seguida.
Me pregunté cómo hacía para no ofenderse cada vez que yo quería precisamente eso, ofenderla. A lo mejor no entendía, me dije mientras un chico se me acercaba.
Su piel era muy blanca, tanto que parecía enfermo. Tenía mechones azules en su cabello negro, una chaqueta militar, pantalones holgados desgastados y una mochila deshilachada.
—¿Cup cake o lapicera? —le dije con una sonrisa, me sonrió.
—Cup cake. —Se lo di, lo miró y dijo—. ¿Es verdad? ¿Eres el primer lugar académico?
ESTÁS LEYENDO
La guerra nerd
Teen FictionExistía en la preparatoria Landon Marshall una tradición o más bien creencia realizada por los estudiantes de último año. Esa creencia condenaba a todo aquel que no la llevara a cabo a la maldición de un futuro miserable. Por eso, año tras año, los...
