Mica decidió que Luc se llevaría perfectamente bien con el padre David, él también insistía en que no podía matar a nada remotamente demoníaco, aunque eso fuera un chico de fraternidad que había decidido hacer un trato con un demonio para participar del nexus meus, por más que ella quisiera. En su defensa, él se lo había buscado, y ella tenía problemas para controlar sus impulsos. La rodilla de Olivier podía testificar a su favor.
Seguía sintiéndose extraño el hecho de no tener dolor alguno, a pesar de ser quien había recibido los golpes. Eso podía llegar a ser muy conveniente en un enfrentamiento real, aunque dudaba que Luc pensara lo mismo. Y no podía negar que su cuerpo estaba mucho más cansado de lo que había esperado. Internamente no podía dejar de culpar a la escritura demoníaca rodeando el ring, invisible para un par de ojos normales pero no para ella, un encantamiento oscuro para que los demonios reinaran dentro y las debidas almas fueran pagadas ante victorias o derrotas.
A su parecer, debería haber matado al idiota que había decidido jugar a eso. Sería un poco contraproducente, ya que incluiría a Luc esa política, pero cualquiera un poco inteligente sabía que no se debía bromear con ouijas y juegos diabólicos al menos que realmente se buscara la muerte. Ella tan solo le estaría haciendo un favor adelantando lo inevitable, peor sería sentir cómo el alma era arrancada del cuerpo y se convertía en el juguete de un demonio.
Estaba prácticamente dormida para el momento en que Luc la sacó del subway, los encantamientos demoníacos siempre se las arreglaban para chupar todo de ella y dejarla sin energía siquiera para estar de pie. Su alma era débil en ese sentido. Su cuerpo cedía fácilmente mientras ella se aferraba a su autocontrol para no dejarse afectar por malas influencias. A eso solo debía sumarle su aspecto físico por meterse en una pelea, por lo que no opuso resistencia cuando Luc comentó que era mejor pasar por su piso para que se arreglara y luego ir al hotel.
Siendo honesta, poco recordó del viaje en taxi hasta su departamento, excepto por el vital detalle de que no fue ella quien pagó sino él en su totalidad. Propina incluida. Eso la hizo reír a pesar del sueño, era un chico correcto que jugaba con demonios y les daba drogas a niñas descarriadas. Solo otra pieza más en el sin-sentido que resultaba Lucien Monange.
Pateó sus zapatos fuera una vez que estuvo dentro tal como él le indicó. El chico era demasiado pulcro y ordenado para lo que ella estaba acostumbrada de su tipo, aunque tampoco había encontrado hasta el momento prueba explícita de los tratos indebidos de Luc además de su amplio conocimiento sobre el juego. Quizás solo fuera otro joven descarriado más habiendo querido probar la adrenalina, y lo suficientemente tonto como para creer que podría escapar de la paga con simplemente hacerse a un lado. Cualquiera que se metiera con la oscuridad, sabía que esta tarde o temprano respondería. Aunque fuera en forma del demonio blanco cargándose a su madre.
Lo escuchó ir a la cocina por un poco de hielo, miró la cama en su habitación y no lo pensó. Se quitó sus prendas hasta no quedar en nada más que su ropa interior y se dejó caer de frente, hundiendo su cabeza en la suave almohada de plumas. Se sintió como la gloria divina, si ella tuviera idea de cómo era eso. Aunque con el estado actual de su cuerpo, incluso una zanja hubiera estado bien con tal de descansar. Casi quería reír al saber que realmente no estaba herida, por más que se sintiera así.
—¿Qué crees que estás haciendo? —exclamó Luc con horror.
—Shhh... La almohada estaba triste, así que le estoy dando un abrazo —respondió Mica sonriendo con sus ojos cerrados.
—Sal. Sal ahora mismo. ¡Ni siquiera te has bañado antes de tocarla! Nadie toca mi cama.
—¿Entonces cómo haces tu nidito de amor? —Mica abrió apenas sus ojos para mirarlo.
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Inflexión
ParanormalMichaela Servadio está segura de una cosa: su alma se encuentra muy lejos de la salvación. Condenada por su sangre, juró servirle a la Iglesia y ayudar a lidiar con sus asuntos demoníacos en un intento por redimirse aun cuando su fe es tan inexisten...
