12: Teatro Erótico

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Cuando Brus y ella atravesaron el enorme vestíbulo del teatro, el estómago de Alexia comenzó a protestar, y eso que la noche acababa de empezar.

-Deja que te ayude con el chal -sugirió Brus inclinándose hacia ella.

-De acuerdo -contestó Alexia, consciente de que él esperaba que se quitara la única protección que tenía.

Él permaneció detrás mientras ella se lo sacaba. Alexia sentía su respiración sobre la nuca, calentándosela.
En cuanto terminó de quitarse el chal, sus pezones chocaron contra la suave tela del vestido.

-Estás preciosa.

Brus seguía detrás de ella, y en aquel instante le tocó la piel, deslizando
suavemente un dedo por su espina dorsal.

Alexia pensó que aquello formaba parte del juego, parte del escándalo
público. Pero su caricia había sido real, igual que su reacción. Todas y cada una de las terminaciones nerviosas de su cuerpo parecieron cobrar vida, invadiéndola con unas sensaciones que ni siquiera sospechaba que tenía.

Brus la abrazó por detrás y la estrechó contra sí. El trasero de Alexia se estrelló contra su cremallera, y él le mordisqueó el lóbulo de la oreja.




En el vestíbulo del teatro había cientos de personas tomando una copa y disfrutando del cóctel que se estaba sirviendo antes del estreno. Y durante un buen rato, la boca y las manos de Brus parecían moverse por todo su cuerpo.

Alexia se dio cuenta de que tenía los dedos peligrosamente cerca de sus pezones.

-Tal vez deberíamos buscar nuestros asientos -musitó ella con las rodillas
temblorosas.

-Muy bien, nena.

Brus le acarició dulcemente la mejilla con el dorso de la mano, y, por un
momento, Alexia deseó que aquel afecto fuera real.

Brus Dolton era todo un actorazo. Llevaba la interpretación en la sangre, ya que su madre había sido actriz de Hollywood. Mientras buscaban sus butacas, Alexia pensó que tal vez debería contarle que había alquilado una película en la que intervenía su madre. La había visto tres veces, conmovida por la belleza de aquella mujer. Brus había heredado sus pómulos, su natural sensualidad, su sonrisa seductora. Era, sin ningún género de dudas, hijo de Tara Rubio.

Y luego estaba, por supuesto, su escandaloso romance con Dolores Dopoint. Alexia se imaginaba que ella también habría contribuido a moldear a Brus para convertirlo en lo que era.
Alexia se giró para mirarlo y de pronto la asaltó un pensamiento. ¿Habría sido de verdad amante de Dolores, o su relación había sido un truco publicitario, un montaje para impulsar la carrera de la ya madura actriz? Conociendo a Brus, todo podía tratarse de una mentira.

Quince minutos más tarde, el teatro se había llenado. Cuando bajaron las
luces y se abrió el telón, Alexia se concentró en el escenario.

La primera escena dejó al público impresionado. Una mujer joven comenzó a desvestirse frente a un espejo.
Cuando se quedó completamente desnuda, cerró los ojos y procedió a pellizcarse suavemente los pezones mientras susurraba un nombre.

El escenario se llenó de humo y apareció un hombre. Alexia se dio cuenta de que se trataba de una secuencia de sueños, pero aquello no impidió que el hombre del sueño tomara entre sus brazos a la mujer de carne y hueso que tenía delante.

Y comenzara a besarla y a acariciarla.
Alexia sabía que estaban actuando, pero aun así su interpretación la
impresionó. Experimentó un calor entre las piernas mientras un escalofrío erótico le recorría la espina dorsal. Sentía lo que la actriz estaba sintiendo: fuego, deseo... el encanto del acto sexual.

Y cuando Brus se le acercó más, supo que a él también lo estaba excitando la escena.

De pronto, el escenario se oscureció. Ya no había luz: sólo los suspiros del acto amoroso, los susurros de la pasión.
En la oscuridad, Brus comenzó a acariciar el brazo desnudo de Alexia, la plenitud de su seno...

Ella giró la cabeza y él la besó.
Apasionadamente.

Tan apasionadamente que Alexia estuvo a punto de quedarse sin respiración.

La actriz estaba alcanzando el orgasmo, y emitía pequeños gemidos. Las luces se encendían y se apagaban intermitentemente, mostrando rápidas imágenes de los actores desnudos, pero Brus seguía besando a Alexia, hundiendo las manos en su cabello para atraerla más hacia sí.

La lengua de Brus se introdujo con fuerza en su boca, exigiendo,
insistiendo, provocando en Alexia un deseo enloquecido, convirtiéndola en parte misma de su ser.

Abrumada por el placer, Alexia lo besó a su vez, descubriendo un deleite tan sabroso y prohibido que quería más y más.

Al instante siguiente, el escenario volvió a iluminarse y la mujer estaba de nuevo sola.

Alexia se apartó y miró fijamente a Brus. Observó su rostro entre las
sombras, y supo que era el hombre de sus sueños. Su fantasía. El actor que desaparecería cuando su escándalo terminara.


Que el cielo la ayudara. Estaba atrapada en un romance apasionado y caliente que ni siquiera era real.





Les pido disculpas anoche intente subir cap, pero me fue imposoble.
Se que es corto pero por la falta de tiempo de cuesta

Mi Deseable Rival (+ 18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora