20: Imbécil Superficial

8.8K 584 15
                                        


En cuanto Brus apartó su cuerpo del suyo, Alexia comenzó ya a echarlo de menos. Deseaba tenerlo cerca.

-¿Estás bien? -preguntó él.

¿Parecía acaso tan confusa como se sentía? Alexia nunca había comprendido que hubiera mujeres que se quedaran prendadas de los hombres después de practicar el sexo, y ahora era ella la que luchaba contra aquella sensación.

-Estoy perfectamente.

-Entonces, ¿no te he hecho daño? -preguntó Brus acariciándole la mejilla.

-No —respondió ella incorporándose y abrazándolo-. No me has hecho daño.

Alexia se rindió ante sus emociones. Necesitaba acunarse entre sus brazos, hundirse en él.

Le acarició la espalda, levemente bañada por el sudor. Brus era fuerte y musculoso, y desprendía un poderío que le aceleraba el corazón.

«No te enamores de él», se advirtió a sí misma. «No te enganches».

Alexia exhaló un profundo suspiro, se apartó lentamente y levantó sus
braguitas del suelo. Se las puso y comenzó a buscar su sujetador.

Brus siguió su ejemplo y se puso los calzoncillos, pero eso fue todo lo lejos que llegaron. Antes de que Alexia pudiera ponerse la blusa, él la tomó de la mano.

-¿Tienes hambre? -le preguntó-. Podemos prepararnos algo y meternos un ratito en la cama.

-Suena perfecto -respondió Alexia, incapaz de resistirse a su sonrisa y a aquella sugerencia tan provocadora.

Vestidos únicamente en ropa interior, fueron a la cocina y prepararon una
bandeja con queso, pan francés y un par de cervezas. Alexia abrió también una lata de ensalada de frutas y vació su contenido en dos cuencos.

Cuando subieron por la escalera de caracol y entraron en el dormitorio
principal, ella sintió que un escalofrío le recorría los brazos. La habitación de Brus era prácticamente igual a la suya. Y aunque iba sobre aviso, el impacto de verlo con sus propios ojos fue estremecedor.

Aunque duro sólo un instante. Brus dejó la bandeja en la mesilla de noche, guió a Alexia hacia la cama, en la que ella se colocó en una posición cómoda para disfrutar del calor de después del sexo.

-Deberíamos ultimar los detalles de nuestra pelea final -sugirió Brus
poniendo en su boca una porción de queso.

-¿Nuestra pelea final?

-El final público de nuestra relación.

Alexia sintió una punzada de dolor en el pecho.
¿Lo había hecho adrede?
¿Estaba Brus tratando de estropear su intimidad, de recordarle que nada de aquello era real?

-Eso es cosa tuya —respondió, tratando de no aparecer tan afectada como estaba-. Tú eres el asesor.

-Creo que podría ocurrir en la fiesta estilo años veinte que celebra mi
madrastra todos los años. Me aseguraré de que vaya la prensa -aseguró Brus estudiando su cerveza-. Mejor aún: comenzaré a extender el rumor de que Dolores podría aparecer. Eso hará que la prensa muera por una invitación.

-¿No arruinará eso la fiesta de tu madrastra? -preguntó Alexia,
completamente estupefacta.

-¿Estás de broma? La convertirá en el acontecimiento del año.

Mi Deseable Rival (+ 18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora