28:No es lo que piensas

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Dolores jugueteó con un mechón de pelo que se le escapaba de la boina.

Estaba algo mayor, pero seguía siendo hermosa, una mujer de sustancia. Brus la había amado en el pasado, pero no en el modo en que amaba a Alexia. Dolores había sido un icono, la introducción hacia un mundo que ansiaba conocer. Pero Alexia, con su carácter fuerte y su corazón angelical, era sencillamente todo su mundo.

-Esta farsa tiene que terminar, Brus -continuó diciendo Dolores mientras
aspiraba de nuevo el humo de su cigarrillo embocado-. Y cuanto antes, mejor.

-Y así será. Quiero decir, se supone. Pero ahora mismo las cosas están algo revueltas.

-¿Qué cosas? -preguntó ella mirándolo con curiosidad.

-Las cosas de mi interior -confesó Brus golpeándose levemente el pecho—. Estoy enamorado de ella, Dolores. Me he enamorado de Alexia. Y si ella quisiera, me casaría con ella ahora mismo. Pero me temo que no soy correspondido.

-¿Cómo lo sabes? ¿Te lo ha dicho ella?

-No exactamente. Pero tampoco me ha confesado nada.

-Los hombres son todos idiotas —aseguró Dolores poniendo los ojos en blanco en gesto teatral-. Jóvenes o mayores, no se enterande nada. Por el amor de Dios, Brus, dile lo que sientes. Da tú el primer paso.

Brus sintió cómo se le aceleraba el pulso. Dolores tenía razón. Tenía que
entregarle a Alexia su corazón, pedirle que fuera su esposa, y arrojarse a sus pies si era necesario.

-¿Me cubrirás con la prensa, Dolores? -preguntó ansioso, pasándose la mano por el cabello.

-Ni lo dudes -aseguró ella agarrando la chaqueta de Brus para dársela-. Les contaré toda mí vida. Será mi entrevista más larga.

-Gracias.

Brus se alisó las solapas, y Dolores se acercó para estirarle la corbata y
ofrecerle un poco de ánimo.

Y fue entonces cuando la puerta se abrió.

Ambos se giraron, y Brus vio a Alexia. Dolores dejó caer las manos, pero ya era demasiado tarde. El estaba frente a frente con su antigua amante, y Alexia dio por supuesto lo peor.

Brus vio el dolor reflejado en sus ojos antes de que ella se diera la vuelta para regresar a aquella fiesta repleta de mirones.

Alexia se abrió paso entre la multitud, buscando desesperadamente una vía de escape. Brus le había mentido. Había insistido en que ya no se sentía atraído por Dolores, pero sus actos hablaban mejor que sus palabras.

Mucho mejor.


Los ojos de Alexia se llenaron de lágrimas, pero se negaba a llorar.
Conteniendo su pena, siguió abriéndose camino entre los invitados y los periodistas que estaban allí para la ocasión.

Alguien la agarró del brazo, y Alexia forcejeó para soltarse.

-¡Alexia, espera!

Escuchó la voz de Brus, y se esforzó aún más por escapar, pero la estaba sujetando con demasiado fuerza.

Ella se dio la vuelta para mirarlo y contempló su expresión de remordimiento. Era todo un actor. Como de costumbre, estaba interpretando su papel a la perfección.

Todos los invitados miraban hacia ellos para contemplar la escena.

-No es lo que tú piensas -aseguró Brus soltándole el brazo-. Dolores me estaba arreglando la corbata. Sé que suena estúpido, pero es la verdad.

Mi Deseable Rival (+ 18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora