14: Te odio

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Brus tenía la vista clavada en la carretera. Alexia estaba sentada a su lado, con aspecto formal y arreglado, pero él no podía quitarse la otra imagen de la cabeza.

Aquella en la que ella estaba de rodillas delante de él, con el cabello alborotado, sus ojos violeta, y aquel camisón de seda ajustándose a cada una de sus curvas.

Brus sentía que ya nunca volvería ser el mismo.

Se removió con impaciencia en el asiento.

Seguía excitado, peleándose contra aquella parte de su cuerpo que se negaba a comportarse como era debido.

-No estoy de humor para hablar con nadie -dijo él-. Tal vez podríamos
perdonarnos la cena.

-¿Quieres llevarte algo de comida preparada? -preguntó Alexia.

Brus no estaba muy seguro.
Ir al apartamento de Alexia no le parecía buena idea, y tampoco quería llevarla a su propia casa, porque no podía pensar en otra cosa que no fuera ponerla de rodillas.

-¿Por qué no comemos algo en el coche? -sugirió desviándose hacia una hamburguesería que había al otro lado de la calle-. ¿No te importa?

-Claro que no -respondió ella-. Me tomaré un batido.

-Sí, yo también.

Brus pensó que era una buena idea beber algo frío, algo que aplacara el
fuego que le quemaba las entrañas. Se dirigió a la ventanilla en la que se hacían los pedidos desde el coche y ambos pidieron el mismo menú. Brus se dio cuenta de que aquello les pasaba muy a menudo: Les gustaba la misma comida, las mismas películas, los mismos muebles...

Brus aparcó allí cerca y comenzaron a desenvolver sus menús en silencio.

-Lo has hecho muy bien, Alexia -dijo él para romper la tensión-. Me refiero a la sesión de fotos.

Brus se estremeció al recordar el tacto de sus dedos sobre su bragueta.
Ella levantó un instante la vista para mirarlo antes de volver a desviarla, y Brus fue consciente de lo tímida que de pronto parecía. La princesa de hielo siempre se las arreglaba para confundirlo.

-Gracias. Tú también lo has hecho muy bien -respondió Alexia antes de darle un mordisco a su hamburguesa-. ¿Cuándo llegarán las fotos a la revista?

-Si todo sale según lo previsto, en el próximo número.

-¿Tan pronto?

-Sí. Tan pronto —repitió Brus echándose un poco de Ketchup-. Y ya verás la atención que vamos a despertar en la prensa. ¿Tienes un juego extra de llaves de tu casa?

-Sí -contestó ella parpadeando-. ¿Por qué?

-Para no tener que esperar a que me abras. Cuando comience el acoso de
la prensa nos van a empezar a seguir los reporteros. No quiero quedarme
atrapado en el porche de tu casa mientras todas las cámaras disparan sus luces contra mí.

-Nunca le he dado a ningún hombre las llaves de mi casa.

-Te las devolveré en cuanto todo esto termine -aseguró Brus antes de darle otro mordisco a su hamburguesa—. Yo tampoco le he dado a nadie las llaves de la mía.

-¿Ni siquiera a Dolores Dopoint? -preguntó Alexia ladeando la cabeza.

-Eso pasó hace mucho tiempo -contestó Brus, que no tenía ninguna gana de hablar del pasado-. Y por aquel entonces yo estaba viviendo en Hollywood.

-No puedo imaginaros a ti y a Dolores juntos -aseguró ella sentándose más
estirada-. Ni siquiera estoy muy segura de que vuestra historia fuera real.

-Mi relación con Dolores no es asunto tuyo -respondió Brus golpeando el
volante con los dedos, visiblemente irritado.

-¿Por qué? ¿Porque era un montaje, igual que la nuestra? Seguramente no estás capacitado para tener una relación de verdad -aseguró Alexia acercándose más a la ventanilla para alejarse de él.

-Termina de comer. Te llevaré a casa -dijo Alexia secamente, aunque no
podía evitar seguir deseándola.

Brus condujo por las calles de la ciudad hasta llegar a un aparcamiento que estaba cerca de casa de Alexia. Ambos salieron del coche al mismo tiempo.

-¿Qué estás haciendo? -preguntó Alexia mirándolo con recelo.

-Acompañarte hasta la puerta.

-No es necesario. Me las puedo arreglar perfectamente sin ti.

-Me da igual.

Brus se puso a su lado. La casa de Alexia estaba al final de la calle, y él estaba decidido a llevarla hasta allí. Y, seguramente, a molestarla durante el camino.

Él estiró la mano para tomar la suya, y cuando Alexia trató de soltarse, Brus se la agarró con más fuerza.

-Estamos en la calle, Alexia. Sé buena chica y haz tu papel.

Ella le clavó las uñas en la piel.

-¿Eres una de esas mujeres que arañan la espalda de los hombres? -
preguntó con una mueca socarrona.

-¿Te gustaría comprobarlo? -preguntó ella sacudiendo la cabeza y clavándole las uñas con más fuerza.

Cuando llegaron a la puerta, Brus la empujó suave pero firmemente contra la puerta.

-No te atreverás a...

Él la interrumpió con un beso. Un beso brutal y desesperado.
Alexia no se resistió. Recibió su lengua con la misma furia, la misma pasión y la misma rabia que ardía dentro de Brus.
Él se restregó contra ella para demostrarle lo duro que estaba.Alexia  deslizó las manos por su cintura y lo apretó más contra sí.
Estaban prácticamente devorándose el uno al otro, lamiéndose y mordiéndose como un par de gatos salvajes.

Y entonces Alexia lo empujó.

-Te odio -le dijo.

-Yo también te odio -respondió Brus, que se moría por hacer el amor con
ella.

Sin decir una palabra más, él se dio la vuelta y se marchó. ¿Odiaba a Alexia
u odiaba lo que ella le hacía sentir? De algún modo, ambas cosas parecían ser lo mismo.



Mi Deseable Rival (+ 18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora