El sábado por la tarde, Alexia regresó a su casa de piedra. Necesitaba estar sola, tener unas horas de soledad antes de volver a casa de Brus y prepararse para la fiesta, la gala de los años veinte en la que terminaría su relación con el hombre al que amaba.
Alexia se sentó en el sofá con la mirada perdida, como si fuera un zombi.
¿Cómo iba a arreglárselas para entrar en la hacienda de los Dolton y actuar como si no tuviera el corazón roto en mil pedazos?
Parpadeó y recorrió con la mirada su equipo de imagen y sonido: la
televisión, el estéreo, el reproductor de Dvd... Luego detuvo la vista ante su colección de películas y pensó en la madre de Brus, la hermosa actriz que había cometido un acto trágico y egoísta.
«Maldita seas, Tara», pensó para sus adentros. «Maldita seas por
haber herido a tu hijo, por haberlo hecho tan cauteloso, por transformar su visión del matrimonio y la maternidad».
Brus se merecía algo mejor. Se merecía una madre a la que le importara, que hubiera permanecido a su lado para verlo crecer.
El sonido de la puerta interrumpió sus pensamientos.
Alexia exhaló un profundo suspiro y pensó que alguna de sus hermanas debía estar en la puerta.
Al abrir comprobó que se trataba de Rita. La enfermera le dedicó una sonrisa triste.
—Rita, ¿qué te ocurre? Pareces abatida.
-He recibido otro regalo de mi admirador secreto. Y necesitaba hablarlo con alguien.
-Vamos, pasa -dijo Alexia—. Tal vez se trate de un regalo por tu cumpleaños aseguró, recordando la cercanía de la fecha.
Rita negó con la cabeza mientras entraba en el apartamento y se sentaba en el sofá.
-No. Si no, llevaría una tarjeta.
-¿Te preocupa que ese tipo pueda ser peligroso? -le preguntó Alexia sentándose a su lado mientras estudiaba la expresión preocupada del rostro de su hermana.
-No lo sé. Tal vez.
-¿Es un regalo demasiado personal? ¿Algo sexual?
-No -respondió Rita pasándose la mano por la melena-. El regalo no tenía nada perturbador. De hecho, nunca me ha regalado nada que no parezca bienintencionado, pero no puedo apartar de mí esta incómoda sensación.
-¿Intuición femenina? -preguntó Alexia.
-Tal vez. O a lo mejor es un miedo ancestral alimentado por mi imaginación. Hay mucho tipo raro por ahí suelto.
-¿Has pensado en llamar a la policía? -preguntó su hermana frunciendo el ceño.
-No creo que sirviera para nada -aseguró Rita con un suspiro-. No tengo ninguna prueba de que sea un acosador. Ni siquiera sé quién es.
-De todas maneras, tal vez podrías poner una denuncia —insistió Alexia.
-Lo haré si hace algo que pueda interpretarse como amenazador. Pero por ahora, sólo tenía ganas de desahogarme -concluyó Rita antes de mirar fijamente a su hermana-. ¿Y qué me dices de ti? ¿Te va todo bien?
Alexia sintió cómo se le encogía de pronto el corazón. No le había contado a su hermana sus fantasías respecto a convertirse en la esposa del asesor, pero seguramente sus ojos reflejaban la verdad.
-Digamos que voy tirando.
-Eso no suena muy alentador.
-Lo sé, pero hago lo que puedo—aseguró Alexia clavando la vista de nuevo en su colección de películas-. Rita, ¿qué sabes del suicidio? ¿Qué lleva a una persona a cometerlo?
-Oh, Dios mío... ¿A qué viene esto ahora? ¿Seguro que estás bien?
-Lo siento, tenía que haberme explicado mejor -aseguró observando la preocupación en el rostro de Rita-. Tengo un amigo que lo está pasando muy mal por el suicido de su madre. Ocurrió cuando él era un bebé, pero se ha enterado hace poco.
-¿Dejó alguna nota?
-Sí. Al parecer, se deprimió profundamente cuando él nació. Estaba obsesionada por haber dejado su carrera y sentía pánico por tener que criar a un hijo. ¿Puedes imaginarte a una madre primeriza así de desesperada, así de egoísta?
-Claro que puedo -respondió Rita en tono profesional-.¿No has oído hablar nunca de la psicosis post parto?
-¿Te refieres a la depresión post parto? -preguntó Alexia acercándose un poco más a ella.
-Algo parecido, pero un grado mucho mayor. Las madres primerizas
afectadas por este síndrome experimentan síntomas graves y en ocasiones exhiben un comportamiento muy extraño. Los casos más leves desaparecen por sí mismos, pero si es un caso grave y no se le trata a tiempo, puede llevar al desastre.
-¿Al suicido, por ejemplo? -preguntó Alexia.
-Desde luego. Pero no puedo hablar del caso concreto de la madre de tu amigo sin ver su historial médico.
-Claro.
Pero eso no significaba que no pudiera mencionarle el asunto a Brus.
Alexia regresó unas horas más tarde a casa de Brus. Lo encontró en el patio, con el cabello alborotado por el viento.
Se estaba tomando una taza de café mientras observaba la puesta de sol.
El aire era frío, y el cielo estaba cubierto de nubes.
-Ya volviste... -dijo Brus girándose al escuchar que llegaba.
Alexia se sentó frente a él, deseando de
corazón poder calmar su dolor, deseando que juntos pudieran descubrir la verdad que se ocultaba tras el suicidio de Tara.
-Tengo algo que decirte, Brus.
-Yo también tengo algo que decirte —respondió él clavando de nuevo la
vista en el horizonte con el ceño fruncido.
-¿Qué ocurre? —preguntó Alexia
pensando que, al verlo tan preocupado, sus noticias podían esperar.
-Dolores va a venir a la fiesta
Genial.. me salio muy corto
Peeerooo!!! Les tengo una sorpresa...
🙈🙉🙊🙈🙉🙊🙈🙉🙊🙈🙉🙊
Estoy escribiendo algo sobre RITA...
Sii la hermana de Alexia.
Les confieso que escribo poco xq no quiero que esto termine jaja ya quedan pocos capítulos para subir. Estoy escribiendo el final y termuba esta gran historia...
Besos nos leemos
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Mi Deseable Rival (+ 18)
RomanceElla la empresaria del inperio de hielo y el su deseable rival. una intensa atracción los.unia mas alla del acuerdo laboral que sus padres le impusieron. El tono de voz de aquel hombre eriza su piel y le hace perder los sentidos. espero que les agra...
