13: De rodillas

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Brus contempló a través del ventanal del salón de Alexia el North End de
Boston.
Acababan de regresar del teatro, y le estaba resultando difícil recuperar el control de sus emociones.

-¿Qué deberíamos hacer ahora? -preguntó Alexia.

«Besarnos», pensó él. «Acariciarnos. Hacer el amor».

De pronto, Brus deseaba que aquel romance fuera real.
Quería acostarse con Alexia, tener una aventura apasionada y salvaje con la princesa de hielo y volverla loca.

-Nada -dijo Brus-. No tenemos que hacer nada.

-¿Quieres que prepare una infusión? Es tarde, así que podríamos tomarnos una manzanilla, por ejemplo.

Brus se dio la vuelta para mirarla. Seguía llevando aquel vestido blanco
que mostraba su espalda desnuda. Se habían besado una y otra vez durante la representación y durante el intermedio, haciendo todo un escándalo público.
¿Y a Alexia sólo se le ocurría ofrecerle una infusión?

-Se supone que deberíamos estar revolcandonos como locos, Alexia,
matándonos de pasión.

-No pagues conmigo tu frustración sexual -respondió ella sonrojándose.

Brus le sostuvo la mirada. Sabía que su boca sabía tan dulce como parecía, y, de algún modo, aquello sólo sirvió para enfadarlo aún más.

-¿Por qué no? Tú la has provocado.

-Y tú eres un hombre rudo y sin sentimientos.

¿Sin sentimientos? Brus la deseaba. La deseaba tanto que apenas podía
respirar.

-Tengo muchos sentimientos.
«Demasiados», pensó para sí.

-Esto tampoco es fácil para mi -aseguró Alexia pasándose la mano por los rizos-. Me siento atraída por ti, Brus. Pero no voy a acostarme contigo. No pienso convertir esto en un romance de verdad.

-¿Y quién te ha dicho que eso es lo que yo busco? -respondió él a la defensiva, metiéndose las manos en los bolsillos.

-Nadie, pero pensé que tomar una infusión nos tranquilizaría,mantendría nuestra mente ocupada -dijo Alexia clavando la vista en el suelo-. Pero tal vez deberías irte a casa.

Maldita sea. ¿Por qué tenía que parecer de pronto tan vulnerable?

-Lo siento. No quería ofenderte. Es que ha sido una noche muy extraña. Pero si me marcho ahora, no parecerá que hemos hecho el amor. Sólo llevo aquí diez minutos.

Alexia no respondió. Parecía algo avergonzada, y seguía mirando al suelo. Al cabo de un instante levantó la vista y ambos se quedaron mirándose.

La energía que había entre ellos era densa, igual que el aire que Brus tenía en los pulmones.
Alexia asintió por fin con la cabeza, y él dejó escapar un suspiro. No esperaba que ocurriera algo semejante, al menos no hasta aquel punto. Hasta entonces había estado convencido de poder controlar la atracción que sentía por ella, pero allí estaba, atrapado en un estado de total excitación.

-Si quieres, podemos ver alguna película -sugirió Alexia mientras se sentaba en el sofá y agarraba el mando de la tv.

Brus se sentó a su lado, y ella comenzó a cambiar de canal a toda prisa,del mismo modo que él hacía en su casa cuando estaba aburrido. Pero Alexia no estaba aburrida, sino nerviosa, y Brus lo sabía.

Mi Deseable Rival (+ 18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora