Capítulo VII

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— Óscar tengo que hablar contigo.
Él se dio cuenta que yo le estaba hablando en serio, así que se limitó a asentir y escucharme.
— Creo que por fin la vida me ha devuelto los malos años que he vivido...
— ¿A qué te refieres?
— A ti, idiota.
— Yo no soy idiota. —dijo riéndose mientras me abrazaba.
— Es verdad. Eres mi idiota. —dije, poniendo bastante énfasis en el "mi".
Me miró con ternura, como si hubiese pronunciado unas palabras mágicas que le hubieran cambiado la vida. Justo después, posando su mano sobre mi mejilla me dio un dulce y duradero beso al cual yo le correspondí.
— Mónica, yo también tengo que decirte algo.
— Claro, dime.
— Te quiero. Te quiero como nunca he querido a nadie.
— No me lo creo. —le dije quejándome, como si fuese una niña pequeña.— demuéstremelo, señorito.
— ¿Cómo?
Eres policía ¿no? Investiga...
— A no ser que sea investigando tus labios... O tu cuerpo...
— No sé, pruebe a ver, socio.
Aunque le veía las intenciones, cuando se acercó a besare me pilló totalmente por sorpresa, pues lo hizo con una intensidad y una pasión que es imposible pasar a escrito. Cerré los ojos para sentirle mejor y más cerca. No pasó de ahí, pues Óscar al ver que le respondía aquel beso, paró.
— Ves, lo que sentimos el uno por el otro es muy obvio.
Le sonreí.
Sentía que me esperaba un futuro bastante grande y duradero junto a aquel maravilloso hombre.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora