Capítulo XV

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— Bueno parejita, os dejo que ya son las siete.
— Espera Raquel, te acompaño un poco. Óscar, ¿te importa?
— Para nada cielo.
Raquel y yo nos fuimos caminando hacia su casa, yo le acompañaba porque quería saber su opinión.
— Bueno sister, ¿qué te ha parecido?
— Creo que es de los pocos buenos hombres que quedan. Ah, y que cuando os miráis por poco no derretís las paredes de la casa.
— Sí, ahora tengo un calentón... Me ha costado no tirármelo contigo delante.
— Que bruta... —dijo riéndose.
Raquel sabía que yo le decía eso en broma, ella siempre ha sido la más bruta y me gusta imitarla a veces.
— ¿Crees que le ha gustado el regalo? —me preguntó, con una expresión seria.
— Eso me dijo él...
— Bueno, ya está bien, vuelve ya a tu casa que yo puedo ir sola.
— ¡Hacía tiempo que no me mandabas!
— Por eso tienes que hacerme caso e irte con tu novio a besarle como si no hubiera un mañana sister.
— Bueno, bueno, si me lo dices tendré que hacerlo... ¡¡Adiós Raquel!! —le dije, mientras nos dábamos dos besos.
Al llegar a mi casa, escuché a Óscar en la habitación, así que subí para verle.
— ¿Mónica? Entra al baño, te he preparado una sorpresita...
Cuando entré pude ver que Óscar había preparado la bañera, con espuma, y me estaba esperando ahí, de pie.
— ¿Y esto?
— Quería estar más cerca de ti, y esta puede ser una opción...
— ¿Sabes lo que me ha venido a la mente? ¿Has escuchado alguna vez 'Peacock'?
— No, pero la curiosidad me mata... ¿Por qué?
— Tú escúchala...
Óscar la buscó, y mientras sonaba el
"I wanna see your peacock, cock, cock
Your peacock, cock
Word on the street, you got somethin' to show me, me
Magical, colorful, Mr. Mystery, ee
I'm intrigued, for a peek, heard it's fascinating Come on baby let me see
What you're hiding underneath"
Yo me estaba partiendo de risa, porque Óscar ponía cara de sorprendido.
— ¿Tú sientes esto?
— Hombre no me importaría...
Me acerqué a él y sin besarle, simplemente rozando sus labios fui sacándole la camisa. La ropa iba cayendo y nuestras manos iban solas. Después nos metimos en la bañera, donde no cesaron los besos.


(días después)

— Óscar, mi amor, tenemos que salir ya de casa.
— Voy, voy. Que la maleta no cierra.
Óscar y yo fuimos hacia el aeropuerto, estábamos tan nerviosos que por poco no nos tiramos del coche a medio camino.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora