Capítulo IV

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— Lo siento Óscar, no soy de las que besan en la primera cita.
— No es nuestra primera cita, recuerda...
— ¡Qué goloso! Bueno ahora no, pero a lo mejor si vienes a cenar...
— Uy, ya ves que problema... Pero ahora tengo que ir a trabajar, y esta vez traeré yo la cena.
— Vale, hasta luego.le dije, con una amplia sonrisa.
Aunque yo había estado con muchos chicos, esta vez era diferente. Con Óscar era como si estuviera volando, o en otro mundo. O incluso como si no fuera real. Lo que sí sabía era que ese hombre me gustaba desde el primer momento en el que le vi.
NARRA ÓSCAR:
Al salir de casa de Mónica me fui al trabajo, pero fui incapaz de concentrarme del todo; aquella mujer me volvía loco. Estaba deseando salir de trabajar para poder plantarle un buen beso a Mónica. Y así estuve toda la tarde, siendo torpe y estando en la luna.
Cuando finalmente salí, me cambié el uniforme por algo más informal, quería estar a su altura. A medida que iba dando un paso en dirección a casa de Mónica, mis nervios se multiplicaban. Pero bueno, supongo que eso es estar enamorado.
NARRA MÓNICA:
Escuché el timbre, era él. Con mi más amplia sonrisa le abrí, cenamos y hablamos. Cuantas más cosas sabía sobre Óscar, más me gustaba.
— Bueno, ha llegado la hora del postre. Lo he hecho yo, espero que te guste. —le dije enseñándole un bizcocho.
— Me encantan los postres.
— Creo que no solo hablas del bizcocho...
Se rió. Empecé a comer de aquel bizcocho que había estado toda la tarde preparando.
— Espera, espera, se te ha caído un poco; te ayudo.
— ¿Cómo vas a...?
Fue entonces cuando se acercó y empezó a besarme. Intenté resistirme pero acabé cediendo a aquel magnifico beso.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora