Me desperté con una misión. Llamé a Óscar para decirle que aquel día no podría estar con él. Después de desayunar, y me fui al médico.
— Buenas, ¿está Daniel Mayer?
— Sí. Segunda planta, tercera puerta.
Me dirigí hacia allí, solo quería verle. Piqué a la puerta y la voz de Dani soltó un "adelante".
— ¡Hombre Mónica! ¿Estás bien? ¿Te ha pasado algo?
— No, tranquilo. Solo quería verte.
— Vaya susto... Bueno, ¿querías algo especial? —dijo Dani, mientras trabajaba en el ordenador.
Me senté en una de las sillas que había frente su mesa, y dije.
— Sí, bueno no. ¿A qué hora acabas de trabajar?
— Hoy es el único día que acabo antes de comer. A las dos.
— ¿Podríamos comer juntos?
Dani paró de escribir en el ordenador y me miró fijamente.
— ¿Y Óscar?
— Le he dicho que hoy no podía estar con él...
— Ya tenías esto pensado... Sigues siendo igual.
— ¿Cómo, igual?
— Nada, nada... Estaré encantado de comer contigo, Moni.
Él era el único que me llamaba Moni, igual que yo era la única que le llamaba Dani. Cosas que por mucho tiempo que pase, se quedan ahí.
Le sonreí, dijimos de ir a un restaurante cerca del médico, el único que conocía él. Después de eso, yo me di la vuelta y me volví a mi casa pensando en todas las cosas que había vivido junto a Dani.
Puede que le tendría que haber dicho a Óscar que iba a comer con Daniel, pero no lo hice. Quería recordar con él todo lo vivido, sin más personas.
