Capítulo XXVII

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Llamé a Raquel, tenía que contarle todo.
— Hombre hermanita, ¿cómo estás?
— Bien, mal, segura e insegura.
— Explícate...
— Raquel el día que volvimos de Los Angeles nos encontramos con Dani.
— Dani... ¿Mayer?
— Sí.
— ¡Bombazo informativo!
— Bueno pues casi cada día desde entonces hemos estado hablando... Y también he hablado con Óscar...
— ¿Le has dejado?
— Sí...
— ¿Estás segura de que te gusta Daniel?
— Muchísimo.
— Pues ale, ya está. ¿Qué te dijo Óscar?
— Que lo supo des del día que nos lo encontramos al volver, y que si necesito cualquier cosa que él estará ahí...
— Bueno, Mónica, ¿y Daniel lo sabe?
— No... Aún no e hablado con él. Hoy hemos comido juntos y me ha dicho que seguía sintiendo algo por mí, pero que había perdido su oportunidad al irse cuando éramos más jóvenes.
— ¿Pues a qué esperas? ¡Ves con él!
— A estas horas no está trabajando y no sé dónde vive.
— Tú eres idiota... ¡¡Envíale un mensaje!!
— Reichel, ¿y tú con Marcos?
— Está a puntito de llegar, vamos a cenar juntos.
— Vale, vale, pues te dejo.
No le envié un mensaje a Dani... Tenía miedo de saber cómo reaccionaría, y quería decírselo cara a cara.
Me fui a dormir pensando en si de verdad la había cagado o si había sido una buena decisión.

Eran las 10:30 cuando me desperté, alguien me llamaba.
— ¿Si?
— Buenas, ¿es usted Mónica? Quería informarle que yo, Daniel Mayer, tengo un día de fiesta.
— Ah, eres tú... ¿Y por qué me lo dices? — tengo que admitir que estaba un poco dormida aún y no era muy consciente de nada.
— ¿Hoy estarás con Óscar?
— No...
— Pues... ¿Puedo ir?
— Claro, te espero en casa.
— Vale Moni, llego en un cuarto de hora.
Di un salto. ¿Quince minutos? Me vestí corriendo y esperé abajo, en el sofá.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora