Nos levantamos a las cinco de la mañana. Preparamos todo y nos fuimos al aeropuerto.
En el avión, Óscar no soltó mi mano ni un segundo.
Llegamos a las cinco de la tarde, y decidimos ir a tomar un café.
— Amor, ahora vengo, voy al lavabo.
— Vale cielo.
De repente, salió un hombre de la nada, se dirigía hacia mí.
— ¿Mónica?
— ¿Daniel? —dije, una vez pude ver su rostro al completo.
— ¡¡Mónica!! ¿Hacía cuánto que no nos veíamos?
— ¿Veinte años? ¡No sé! ¿Cómo estás?
— ¡Encantado de verte! —dijo abrazándome.
— ¿Qué ha sido de tu vida?
— Pues al acabar la carrera de medicina decidí viajar, hacia África y Asia, y allí he estado cinco años. Ahora estoy en el médico de este precioso pueblo, que me trae miles de recuerdos. —dijo guiñándome un ojo— ¿Y tú?
— Yo no me he movido de aquí... Sigo siendo la misma.
— Bueno, estás más guapa. Y mira que eso era difícil.
— Anda, cállate. Bueno... ¿Y tienes pareja? —tengo que confesar, que Dani estaba mucho más atractivo que cuando nos conocimos.
— No. ¿Tú?
Justo en ese momento salió Óscar del lavabo y se acercó hacia nosotros.
— Óscar, este es Dani, fue mi mejor amigo en el colegio e instituto. Dani, Óscar.
— Vaya... Ya veo que sí. Encantado. —dijo Dani, estrechándole la mano a Óscar.
— Igualmente.
Acabamos sentándonos los tres en la mesa, y estuvimos hablando durante más de dos horas. Me sentía muy cómoda con Dani, y con ver que a Óscar le caía igual de bien que a mí (a pesar de que solo le conocía de aquellas dos horas).
Lo que Óscar desconocía es que Dani y yo tuvimos una pequeña relación, que no duró porque tomamos diferentes caminos profesionales. Pero decidimos olvidarlo y seguir como antes. Luego ya, nos distanciamos... Pero nunca habíamos sacado ese tema otra vez.
