Capítulo VI

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Óscar y yo estuvimos la mañana juntos, haciendo no gran cosa en casa. Por la tarde él se tenía que ir a trabajar, por lo que comimos juntos y con una gran pena, se tuvo que ir.
Yo me pasé la tarde en el sofá, pensando en aquellos ojos color marrón que me daban vida, aquella sonrisa que nada más verla me hacía feliz, aquellos labios carnosos que eran perfectos para besar, su cuerpo... Él...
Iba con miedo, mi pasado matrimonio había sido un fiasco, y no quería lanzarme a una relación así como así. Pero es que con él todo era diferente. Él me entendía en todo lo que le contaba, él me escuchaba.
Parece muy patético pero, ¿acaso no nos volvemos todos así cuando estamos enamorados?
Lo único que me faltaba era saber, si Óscar estaba seguro. Si me quería. Si estaría dispuesto a hacer las mismas cosas por mí que las que yo haría por él.
Por fin llegaron las nueve de la noche. Óscar picó al timbre minutos después y o fui corriendo a abrirle.
Se acercó a mí con esa sonrisa que sí, lo admito, me encanta. Nuestras caras estaban a un palmo y él me miró los labios como si fueran algo prohibido o un tesoro que le hubieran arrebatado cuando estaba a un tris de obtenerlo. Hundió sus largos dedos en mi pelo y me besó con una delicadeza y una ternura que hizo que me fallasen las piernas. Pero la ternura inicial se convirtió en pasión cuando yo puse la mano en su pecho y la otra en su nuca para notarlo más cerca, más fuerte, más propio. En ese momento, Óscar se volvió loco y con un gemido animal me ofreció el beso más arrebatadoramente ardiente que me habían regalado en mucho tiempo.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora