Capítulo XXV

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Aquella noche Óscar se vino a dormir a mi casa. Cenamos una simple pizza y entre besos, caricias y miradas nos fuimos a dormir.
Óscar me miraba. Me desperté y le sonreí. Alguien picaba al timbre.
Fui yo a abrir. Iba en ropa interior, pero la verdad, me daba igual.
— Hombre, ¿cómo tú por aquí?
— Mónica, hacía tiempo que no te veía en...
— ¿Ropa interior? Es tu día de suerte. ¿Qué pasa, Dani?
— Venía al trabajo y me he pasado a saludar y...
— El médico está en la otra punta del pueblo...
— Me has pillado. ¡Hola Óscar! —dijo, viendo que Óscar estaba bajando y acercándose a la puerta.
— Hola, Daniel. ¿Qué haces aquí?
— Ya le he dicho a Mónica, me he pasado solo a saludar.
— ¿Quieres pasar? —le dije, ya que no me acababa de tragar su excusa.
— No, no. Me voy ya.
— Bueno, adiós entonces.
Más tarde, Óscar también se fue al trabajo, así que me quedé sola en casa.
"Dani, ¿tú sabes lo mal que mientes? ¿Por qué ibas a venir a mi casa, de verdad?"
"Ya... Pero no me atrevo a decírtelo por mensaje, imagínate cara a cara."
"Vaaaa..."
"Te lo diré luego, que entro a trabajar."
"Bueno... Pero me lo dices."
"Vale. Solo accedo a decírtelo si comemos juntos."
"¿Me estás pidiendo una cita?"
"Como tú lo queras ver..."
"Vamos que sí. ¿Tengo que ir sola?"
"Te lo agradecería. A las dos, donde el otro día."
"¡Vale doctor!"
Como Óscar estaba trabajando no le podía llamar, así que le dejé un mensaje diciéndole que comería con Dani (sí, esta vez sí se lo dije).
Estuve toda la mañana haciendo el ganso, hasta que llegó la una y media y salí de mi casa.

¿Estrellas, o tu mirada?Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora