Capítulo 27: Flashbacks intensos.

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June: (cinco días después)

Todos los días por la tarde, William venía a visitarme; traía flores, una caja de bombones y cuando no podía presentarse gracias a la enfermera que descubrió que no era mi novio, le entregaba una nota a ella para que viniese a dármela.

Ésta siempre decía: Para mi bella princesa, sé que pronto volverás a estar entre mis brazos y que yo en tu memoria.

Mis padres comenzaron a mirarlo con cara rara, porque según mi hermana, esa del nombre que nunca recuerdo, me dijo que no estaban de acuerdo en que tuviésemos novio y como William no se comportaba como un simple amigo, empezaron a inquietarse.

Los que también venían seguido a visitarme eran los que dijeron llamarse mis mejores amigos: Logan y Victoria. Los dos eran buenísimas personas, me hacían reír muy seguido, pero,William...William me hacía estremecer, me hacía tener ganas de recordarlo y a todo lo que habíamos vivido, me hacía sonreír, me hacía querer, me hacía bajar la mirada gracias a esos profundos ojos celestes los cuales quería guardar en una caja para jamás perderlos. Él estaba enamorado de mí, y una parte de la June que recuerda todo sigue dentro de mi mente gritándome que no olvide todo lo que había pasado con él, que eran recuerdos maravillosos y muy valiosos, que nadie podría darme algo parecido además de Will.

-¿Quiere otra gelatina, señorita? -preguntó la enfermera sacándome de mis pensamientos.

-Sí, por favor -le contesté.

Y fue a traerme otra de esas cosas verdes saltarinas la cual devoré en un instante.

Mis padres estaban conmigo todo el día y las noches. Mi madre se iba a la tarde a su trabajo, la florería, no sin antes contarme las locuras que hacía de pequeña.

-A la edad de cinco, encontraste un conejo regordete que se comía las zanahorias de nuestro huerto y en lugar de contarme, con April lo escondieron debajo de sus camas, lo alimentaban, lo bañaban y hacían todo a escondidas. Eso duró 2 años, hasta que lo encontré y estaba dispuesta a obsequiarlo a un veterinario, pero ustedes y sus pucheros me ganaron y nos quedamos con el animal.

Me encantaba que me contaran todo eso, era como revivir todo otra vez.

Mi mente estaba en blanco y negro, no recordaba nada, absolutamente nada de mí, pero el que me ayudaran, traía a mi cerebro un poco más de color.

Esa tarde, encontré un programa de televisión que me encantó desde principio hasta el final: El secreto de Feriha. Cuando estaba a unos minutos de finalizar por completo ese capítulo, escuché una voz que provenía de lo más profundo de mi mente.

-Hermanita del alma, personita a la que más quiero en el mundo... -era mi hermana entrando a la que reconocí como nuestra habitación.

-¿Qué quieres? -le respondí yo sentada en su cama.

Veía todo con claridad, como si estuviera pasando justo ahora.

-Bien...si vamos a ser así de directas, iré al grano. Hay una fiesta en la casa de Mark Alt y en serio quiero ir.

De repente, el doctor me tocó el hombro y mi recuerdo desapareció, pero no olvidé que había estado presente hace una milésima de segundo.

-¿June? ¿Sucedió algo? -preguntó alarmado.

-¡Recordé! ¡Dios mío, recordé un momento de mi vida!

El hombre con pasos sumamente tambaleantes por lo que supuse que fue emoción, salió corriendo en búsqueda de mi padres y volvió con ellos, April y William. Todos, al parecer felices y exaltados, me preguntaron sobre qué había sido el recuerdo, y como no olvidé que nuestros padres no nos dejan salir a fiestas o con chicos a mi hermana y a mí, inventé una charla cualquiera la cuál April se dio cuenta que jamás habíamos tenido.

No le digas a mamá [editando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora