Capítulo 38: El primer despertar.

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¡MARATOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOON!
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June:

Arrugué mis dedos sintiendo al fin las finas sábanas que se enrollaban entre mis piernas. Mi pecho subía y bajaba con intensidad mientras que abría la boca para poder sacar todo el aire que retenía.

-¡Dios, mío! ¡Está despierta, está despierta! ¡Llamen al doctor! -gritaba una enfermera que cargaba cientos de planillas.

Me incorporé rápidamente y quité la aguja de suero que estaba clavada a mi brazo. Tan precipitadamente como me levanté, sentí un pinchazo en el estómago con igual o peor dolor que había sentido la última tarde consiente y me senté al ver que el doctor entraba.

Hizo una exclamación que no pude comprender e hizo que me recostara.

-Will...Will... -murmuré -yo...¡quiero ver a Will!

El doctor tomó las pautas necesarias para mantenerme inmóvil.

-Necesito que se tranquilice, Señorita Miller, él estará bien -afirmó, pero quería averiguarlo por mí misma así que intenté salir de esa estúpida camilla.

El médico gritó algo incomprensible y pronto entraron tres enfermeros y mis padres que vieron como uno de ellos me clavaba una filosa aguja en el cuello.

-Mamá...pa... -pero me vi obligada a callarme porque todos mis sentidos se estaban apagando de a poco.

Mi madre lloraba y mi padre la abrazaba para calmarla mientras le daba el teléfono para que seguramente llame a mi hermana.

El médico los dejó sentarse a ambos en cada uno de mis lados y me tomaron las manos dándoles un poco de calor.

Mi madre ni siquiera podía pronunciar mi nombre.

Papá me sonrió y me dijo:

-¿Sientes algún dolor cariño?

Asentí como pude y señalé mi estómago lentamente.

-Suerte que abriste los ojos...

-Exactamente, suerte es lo que tienen. -dijo el doctor entrando otra vez -Se suponía que debían pasar unos cuantos días más para que despierte después de semejante accidente. Por lo que vemos, el chico está mucho peor y este sí que tardará en despertar lo que verificamos.

Luego de unas preguntas que pude responder con simples movimientos, el doctor se fue y la anestesia fue haciendo efecto.

Como estaba hambrienta, me dieron alguno que otro bocado de una papilla asquerosa y luego de un poco de reposo, dejaron pasar a mi hermana.

La pelirroja se abalanzó hacia mí con sus ojos surcados por los más peligrosos mares. Me abrazó tan fuerte que sentí mis tripas retorcerse y tuve que obligarla a parar porque el dolor estaba matándome.

-Tengo una abertura curándose al lado del ombligo, ¿recuerdas?

Apretó sus labios.

-Lo siento - dijo secando sus ojos.

-Ven aquí -intenté nuevamente y esta vez no me dolió nada.

-¿Cómo te sientes?

-Mejor de lo que debería, ¿y tú?

-¿Por qué lo preguntas?

-No sé si te lo habrán contado, pero me apuñaló tu mejor amiga -sabía que ella estaba al tanto de la situación, pero tenía que decirlo en voz alta para poder procesarlo yo misma.

-Lo sé y la verdad es que no necesito hablar de eso. Ellas... -reprimió lágrimas -ya están fuera de mi vida y nunca volverán a entrar.

-Entiendo y me alegro por ello -dije sonriendo como pude.

-¿Por qué todo esto nos pasa a nosotras? -suspiró como si no fuese a mí a quien le hablara.

-Fue un año difícil, lo acepto, pero ya vendrán sus ventajas.

Me abrazó otra vez y se quitó las zapatillas para acostarse junto a mí. No tuve ningún problema con ello y la dejé, sólo que no podía moverme por el dolor que eso me causaba.

-Te extrañé muchísimo, June -susurró a lo que me sorprendí un poco.

-No te das una idea de cuanto lo hice yo.

❄❄❄

Una semana después.

Apenas me dejaban moverme para ir al baño, a mis amigos después de días los dejaron pasar a verme y fueron las mismas reacciones y preguntas que esperé.

Cody tampoco se olvidó de mí. Me contó cada detalle que sabía del estado de Will y no eran muy buenas noticias para ser sincera.

Esa tarde, la visita que no me esperaba era la de la familia Parrishmane entera que venía a decirme que me recuperara bien y que estaba dispuesta a cualquier cosa si es que necesitaba algo. Todo lo que me dijeron no pudo ser más tierno y me largué a llorar como por décima vez en ese día.

Necesitaba recomponerme de manera mucho más veloz porque necesitaba poder caminar para ir a verlo. Necesitaba estar a su lado y ver con mis propios ojos que se encontraba bien, pero me era imposible.

April me traía libros y los tejidos que tenía a medio hacer para que pudiese entretenerme un poco los días que no había nadie aquí conmigo. Mis padres por suerte comenzaron nuevamente a asistir a sus respectivos trabajos y los chicos iban al colegio, por eso me sentía tan sola.

-Como paciente especial, Señorita Miller, su primera rehabilitación comenzará dentro de dos horas, ¿entendió? -me dijo la enfermera consultando sus planillas -Debe ayudarse de esta adadora y mediante un enfermero que la estará esperando en el primer ascensor, subir hasta el último piso.

Me dejó un papel rápidamente escrito y se fue sin decir más.

Empezaba a oscurecer y cuando se hizo la hora, bajé cuidadosamente de la camilla y con la andadora a mi disposición, me encargué de ir por los pasillos algo solitarios.

De repente, una alarma sonó haciendo que me sobresalte y una fila de médicos pasó como un tornado al lado mío. Los seguí como pude ya que mis piernas parecían haber olvidado cómo correr.

Empezaba a sudar cuando llegué hasta la puerta donde los médicos habían entrado. Me quité los los cabellos de la cara y gracias a la cortina que habían olvidado cerrar, pude ver a un chico rubio con el torso desnudo al que todos con el corazón en la boca intentaban hacer despertar con unos aparatos a los que reconocí como el defribilador.

Las lágrimas invadieron mi campo visual al reconocer a Will allí tendido. Los médicos intentaban con todos sus medios posibles que volviera a reaccionar, pero los choques eléctricos no funcionaban.

El andador se me hizo más liviano y me prácticamente me tiré al suelo agarrando mi cabeza para dejar de escuchar ese constante pitido que me indicaba que el corazón de Will se había detenido.

❄❄❄

No le digas a mamá [editando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora