June:
Tomé el primer taxi que pasó frente a mí y le dije al conductor la dirección del hotel en donde se hospedaba Axel.
Ni siquiera me importó el girar mi cabeza para ver si William se había ido. La verdad es que me encontraba más que enojada con él ¿Por qué soy yo la única que quiere avanzar? ¿Por qué siento que con Will sólo me quedaré en el presente sin obtener un futuro? ¿Por qué necesitaba más tiempo?
Decidí no pensar más porque arrancaría la puerta del vehículo y correría en su búsqueda para contarle el cuello por la furia que sentía.
¿Por qué él me importa tanto? ¿Por qué lo amo de la manera que lo hago? ¿Cómo había llegado a hacer eso? Preguntas, preguntas, preguntas y no veo ninguna respuesta.
-¿Aquí, señorita? -me dijo él hombre girando su rostro hacia mí. Verifiqué que sea el lugar correcto y asentí sonriente -Qué linda sonrisa tiene, es muy parecida a la de mi hija. -saqué el dinero y se lo entregué agradeciéndole -Tenga una linda tarde.
Bajé del auto y entré al gran edificio algo descuidado. El conserje que andaba por allí, ni siquiera se percató de mi presencia gracias a sus grandes y redondos auriculares, y no había nadie en recepción, así que comencé a subir las escaleras en busca del número de la habitación que Axel me había mandado por mensaje. Cuando ellos aparecieron ante mí, toqué la puerta desgastada y detrás de ella apareció un morocho oscuro de ojos brillantes, alto como ninguno, y que sonreía sinceramente pero parecía algo extrañado.
-¡June! -abrió los ojos inmediatamente -No pensé que vendrías tan temprano.
Llevaba puesto unos pantalones holgados y una camiseta bastante usada. Estaba descalzo y no entendía cómo era que no tenía frío.
-Oh, lo siento, no podía venir más tarde -me excuso, aunque no era del todo verdad. Había venido porque sí. Tenía ganas de pasar un grato momento con él, y mamá y papá no me dejarían salir más tarde, así que tenía que aprovechar -Si quieres puedo irme...
-¿Estás loca? -exclamó alzando las cejas -Vamos, pasa.
Se hizo a un lado y dejo un espacio para que pasara, cuando lo hice, cerró la puerta con trabas.
El departamento era bastante espacioso, contaba con una mesa ratona ocupada por miles y miles de hojas llenas de palabras incomprensibles, dos sillones a su al rededor y unas tres bibliotecas pegadas repletas de libros de diferentes tamaños. Al lado de esta sala, se encuentra lo que pude identificar como la cocina y del otro lado del lugar había una puerta abierta que mostraba su habitación.
No estaba para nada desordenado, sin contar el espacio donde estaban todas las cosas las cuales parecía que estaba estudiando.
Pongo mi bolso en el perchero y me senté en el sillón a mirar hacia el pequeño balcón que había.
Poco después, Axel se sentó a mi lado.
-Entonces...-suspiré queriendo sacar un tema, no me gustaba estar tanto tiempo en silencio -¿A qué colegio vas?
Rió silenciosamente.
-¿Cuántos años crees que tengo? -no supe a qué venía la pregunta, aún así le contesté.
-No lo sé...¿Unos 18?
Rió aún más fuerte.
-Tengo 21, ya estoy en mi tercer año en la carrera de arquitectura -abrí mi boca formando un óvalo -Trabajo en la cafetería porque necesito mantenerme, ya sabes...no tengo padres, hermanos, familia...-su mirada triste me hizo bajar la cabeza - No tengo nada y necesito vivir de algo. Hablando de todo eso, hace bastante no vas a la cafetería.
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No le digas a mamá [editando]
Teen Fiction"¿Cómo dejar de querer lo que sin querer empezaste?" Esa es la pregunta que te haces unos días después de conocer a William Parrishmane, porque si tienes una madre como la mía, él resultará ser el secreto que debas mantener. Historia más votada en:...
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