Introducción.

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Unos ojos muy pequeños y pardos apuntaban directamente al hombre que mantenía una maleta colgada al hombro. Él no se movió cuando notó a la niña que tomaba la baranda de la escalera con ambas manos, sólo apretó su gorro sobre su cabeza como señal de despedida.

La pequeña corrió hacia él con su camisón blanco y trenzas pelirrojas, tenía una expresión confusa y los ojos cansados, pero al mismo tiempo llenos de inevitable asombro.

—¿A dónde vas a esta hora, papi? —ella se inclinó hacia él para que la cargara, sin embargo el sujeto no lo hizo, se agachó para poder verla cara a cara.

—Tengo que irme, cariño, y no puedo volver ¿me entiendes?

La niña hizo un esfuerzo por comprender. Arrugó las cejas y negó repetidas veces mientras que se tomaba sus propias manos que temblaban.

—¿Y qué pasará con nosotras? Mamá, April...

—Protégelas por mí, ¿de acuerdo?

Ella asintió.

—¿Estás en peligro? —le preguntó.

Para tener 7 años la pequeña era consciente de que aquello no era familiar.

—Para nada, Genevieve.

—No quiero que te vayas.

—Yo tampoco quiero irme, cielo, pero alguien me necesita y si no voy ahora... —miró hacia el cielo— Lo siento, hija, pero no te preocupes, volveré por ustedes antes de lo que imagines.

Sacó del bolso un diario viejo de color marrón y se lo entregó a la pequeña susurrándole que él estaría allí acompañándola siempre dentro de él.

—Hasta pronto, papi.

Una lágrima cayó por la mejilla del hombre y depositó un último beso el la frente de la pequeña. Tomó la bicicleta apoyada en el paredón de la casa y desapareció completamente en la bruma de la noche.

No le digas a mamá [editando]Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora