Hoy es el cumpleaños de Steve y decidí junto con Stark hacer una fiesta en la piscina, ya que es verano.
Ya estábamos todos celebrando, hasta que Tony, como no, decidió que era hora de meternos a la piscina.
-¿No te sentirás incómoda cierto?- me preguntó Steve, mi novio.
-Claro que no, ya te he visto sin nada cariño.
-Y me volverás a ver- me sorprendí, él no solía devolverme los comentarios.- Me molesta que los demás te puedan ver como sólo yo puedo.
-Cariño, no se me ve nada. Sólo tú puedes ver lo que hay debajo de todo.
-Eso ya lo se.
Después de nadar un rato, los demás se fueron, quedando sólo nosotros dos. Era hora de jugar un poco.
Me acerqué lentamente a él y me agarre como un Koala.
-Es hora de divertirse- susurre en su oído.
Sentí que se estremeció. Agarró mi cintura con sus dos manos mientras yo besaba lentamente su cuello dejando chupetones. Me separé un poco y nos besamos salvajemente. Me volví a separar quitándome la parte de arriba del bikini, liberando mis pechos. Me volví a agarrar y él nos fue sacando del agua mientras nos besábamos como animales.
Llegamos a nuestra habitación todos mojados, no me dio tiempo a nada porque Steve me había tirado a la cama.
Decidimos incluir algo más a nuestro juego, unas esposas. Cogió mis manos y les puso las esposas, dejándome inmóvil ya que estaban puestas por detrás del cabecero de la cama.
-No sabes lo que te haría ahora mismo- gruñó en mi oído.
-Pues a que esperas, disfruta tu regalo- sus ojos se oscurecieron aún más, si eso era posible.
Se levantó cogiendo un pañuelo de la mesilla de noche y se volvió a colocar sobre mi. Me lo puso en los ojos.
-Ahora te quedarás calladita si no, te lo haré tan duro que el único que disfrutará aquí seré yo ¿Entendido?- Dios Steve era una caja de sorpresas, pero era de esperarse, él siempre tiene que dominar todo-. Responde- dijo un poco más alto.
-Si.
Empezó dejando chupetones por todo mi cuello, luego fue bajando hasta llegar a los pechos. Se encargó de torturarlos con pellizcos, mordidas y apretones, todo sin hacerme daño.
Fue bajando poco a poco mordiendo todo en su camino dejando otro chupetón cerca del ombligo. En la habitación sólo se escuchaban nuestros jadeos y respiraciones.
-Tendrás que comprarte otro bikini- susurró intentando calmar su respiración.
No me dio tiempo a hablar, él ya me había arrancado la braga. Separó mis piernas todo lo que pudo y empezó a lamer mi feminidad, sin ningún pudor. No podía hacer ningún sonido o decir ninguna palabra, él me lo dejó claro. Estaba sintiendo el placer máximo, había llegado al orgasmo. Estuvo así un rato más, luego se levantó y se acercó a mi oído.
-¿Te gusta?- sólo asentí-. DILO.
-Si, me gusta.
Me besó de forma apasionada. Unos segundos más tarde una guerra de lenguas dio comienzo. Se volvió a separar y se quitó el bañador, se posicionó entre mis piernas embistiéndome. Empezó lento y fue aumentando hasta llegar a un ritmo casi inimaginable.
Puso ambas manos en el cabecero de la cama y con una bajó la venda hasta mi boca dejándola ahí para morderla por el placer.
-Quiero que me mires.
Yo sólo hice lo que me pidió, volvió a colocar ambas manos en el cabecero.
-¿De quien eres?
-Hazme recordar- lo desafié.
Sus embestidas fueron más fuertes y profundas.
-Vuelvo a preguntar ¿De quien eres?
-Tuya y de nadie más.
-Sólo mía.
Siguió embistiéndome hasta que llegamos al orgasmo más ansiado por ambos. Recargó su frente en la mía mientras con una mano me quitaba la venda de la boca, después me quitó las esposas. Nos metimos debajo de las sabanas y nos acurrucamos.
-¿Te hice daño?
-No, si lo hubieses hecho te lo hubiera dicho.
Me giré hacia él abrazándolo y Steve hizo lo mismo.
A la mañana siguiente estaría muerta de cansancio y dolor, pero no me arrepentí. Nos dormimos abrazados.
