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Todo iba de mal en peor, cada vez eran más peleas las que teníamos, cada vez yo acababa más destrozada que antes. Los
primeros años de nuestro noviazgo y, posteriormente, matrimonio, fueron increíbles, no los los cambiaría por nada. Pero, poco a poco nos fuimos distanciando, las misiones, el trabajo y muchas otras cosas, como el estrés y el cansancio, todo eso hacía más que distanciarnos.
Yo a pesar de todo, sabía que lo amaba como el primer día, él, ya no sé si lo seguía haciendo, según se comportaba, supongo que no.
Hoy todo había empezado porque me había equivocado en una misión y no pude conseguir la suficiente información, solo parte de ella.
Steve me estaba gritando, estábamos ya en nuestro "hogar". Aunque esto ya no se puede llamar así, no cuando no hay más amor, cuando no sientes la protección y seguridad de antes. No cuando hay gritos y peleas por todo y todo el tiempo.
—Eres una incompetente—gritó—, no entiendo como llegaste a ser una vengadora.
—Todos cometemos errores—espeté—, por cierto, estoy bien, gracias por preocuparte. A veces pienso que te importa más SHIELD, que tú propia esposa.
—Claro que es más importante—y bum, todo se fue abajo.
Me sentía como si me hubieran clavado un cuchillo en el corazón y me estuvieran ahorcando al mismo tiempo. Con lágrimas en los ojos le dije.
—Bien, dices que, SHIELD, es más importante pero—cogí aire—¿Donde estaba cuando te convertiste en fugitivo? ¿Donde estaba SHIELD cuando Bucky necesitó ayuda, porque HYDRA lo controlaba?
«DIME, DIME DONDE COÑO ESTABA—exploté—. A sí estaba intentando matarlo y también a ti. Tú título de Capitán América, no te sirve de nada cuando estás en problemas, porque no se van a manchar las manos si tú lo haces. Dime si no es así.
Por fin me había desahogado, él me miraba más furioso que antes. Todo lo dicho anteriormente era verdad.
SHIELD quería matar a Bucky, y cuando Steve se convirtió en fugitivo fueron a por él. SHIELD solo sé aprovechaba. Y Steve estaba cegado, no se daba cuenta, pero si le decías algo, se enfadaba o no escuchaba.
Nos miramos, él se acercó a paso decidido hasta mi. Nos encontrábamos cara a cara, y retándonos con la mirada.
—No. Es. Verdad—gruñó en mi cara.
—Aceptalo, si lo es—mi voz era irreconocible, era más seria y sombría.
—No lo es.
—Cree, lo que quieras, pero cuando te des cuenta de tu error, te aseguro que será muy tarde.
—¿Me estás amenazando?
—No, solo te estoy advirtiendo.
—¿De que?
—De que estoy harta de esto y que me voy. Esto no es un matrimonio, ya no, dejó de serlo cuando dejaste de amarme, y lo peor, es que yo lo sigo haciendo como el primer día.
Me miró, ya no había amor en su mirada, ya no habían enojo, ya no había nada. Su expresión era de indiferencia. Entonces lo comprendí, él ya no sentía nada, seguía casado conmigo por pereza a pedir el divorcio.
—Me da igual lo que hagas. Simplemente deja de molestar—y eso lo confirmó, aún tenía la pequeña esperanza de que me estuviera equivocando.
—Mañana te llegarán los papeles del divorcio—susurré, si hablaba más alto rompía en llanto, y no quería eso.
Me giré, soltando lágrimas silenciosas fui a recoger mis cosas de la habitación, mi ropa, un neceser y poco más, recogería mis demás pertenencias mañana.
Cuando salí de la cual antes era nuestra habitación, lo vi por última vez, sentado, con la cabeza entre sus manos, las cuales estaban apoyadas en sus rodillas. Al escuchar la puerta de la habitación cerrarse levantó la mirada. Intenté con todas mis fuerzas no mirarle, pero caí, lo miré. Tenía una mirada triste.
Me di cuenta de que seguía ahí parada, mirándolo como la estúpida que soy. Me dirigí a la puerta de entrada para finalmente salir, con dificultad, al tener las maletas en las manos, abrí la puerta. Eché un último vistazo al departamento, cerrando los ojos fuertemente, soltando más lágrimas, finalmente me giré y salí por la puerta.
Estaba dejando todo atrás, pero no podía seguir así, eso ya no era amor. No me di cuenta cuando ya estaba enfrente de mi coche. Dejé las cosas en el maletero y me monté, puse las llaves en contacto pero no arranqué. Sin embargo me puse a llorar, los sollozos que salían de mi eran de puro dolor. Golpeé el volante una y otra vez.
Después de desahogarme, empecé a conducir, las lágrimas en ningún momento dejaron de bajar por mi rostro, los sollozos se habían calmado, ya no eran tan altos.
Conducía y conducía hasta que, un recuerdo volvió a mi mente, paré el coche a un lado de la nocturna y solitaria calle, la cual, estaba iluminada por farolas y la luz de la luna.
Encendí la luz interior del coche y saqué una pequeña caja, la abrí, lloré más al ver el contenido. Una pequeña nota.
"Felicidades, serás papá, cariño."
Junto a una prueba de embarazo. Todo se estaba desmoronando. Divorciada y con un hijo en camino. Acaricié mi vientre intentando sonreír, solo hice una mueca.
Volví a arrancar el coche y fui a mi antiguo apartamento, el cual nunca vendí al mudarme con Steve.
Finalmente llegué, subí las cosas al piso correspondiente.
Abrí la puerta con las llaves. Todo estaba como lo había dejado, más frío de lo normal. Sonreí con melancolía al ver el sofá en el cual, Steve me besó por primera vez.
Sacudí la cabeza, tenía que seguir, por mi bebé, tenía que olvidar lo.
Había pasado una semana, mentiría si dijera que estaba mejor, todo iba a peor. Casi no comía, casi no salía, con suerte seguía respirando.
Me encontraba en el sofá, mirando a la nada y pensando. Llevaba puesto mi viejo pijama, la camiseta me iba un poco pequeña, se podía notar el bulto de mi abdomen, eso era lo único que me mantenía con vida.
Un toque en la puerta me hizo salir completamente de mis pensamientos. En ese momento no sabía quién era, simplemente fui y abrí la puerta. Al principio me sorprendí, cómo podía ser tan despistada y olvidarme de que había encargado una pizza. Lo peor es que había tenido la pequeña esperanza de que fuera Steve, pero ya no teníamos nada, ya no nos unía nada.
Habíamos firmado los papeles a la mañana siguiente de que me fuera y, ninguno de nosotros, intentó arreglarlo, supongo que todo estaba muerto desde hacía mucho, solo yo era la tonta que lo seguía amando.
En ningún momento le dije que estaba embarazada, no le quería complicar más la vida. Mucho menos quería que mi futuro hijo viviera en una casa en la cual los padres no se quieren, al menos uno de ellos, y escuchar peleas todo el tiempo. Yo había crecido así, no era algo muy agradable. Ya no había nada que hacer, estaba sola en esto.
