N/A- Dedicado a WereWyvern — Espero que te guste, guapa. 😘
No pude seguir conteniendo las lágrimas y simplemente las dejé salir, mientras enterraba mi cara el la almohada para que los horribles sollozos no se escucharan. Aún así lo hacían.
Mi expareja me había estado engañando con una de mis mejores amigas, todo en mi cara. Lo peor, es que yo nisiquiera lo amaba y aún así lloraba. Había estado saliendo con el solo para intentar olvidarme de cierta pelirroja que me vuelve loca, ella es perfecta. Hay, Natasha... ¿Qué me has hecho?
Ya no sabía que hacer con mi vida, estaba locamente enamorada de mi casi hermana, no de sangre, y mi exnovio follandose a mi "mejor amiga" a las espaldas.
En ese momento me encontraba en un punto en el cual no caían más lágrimas, simplemente sollozaba, mirando el techo con una almohada entre mis brazos, estrujando la contra mi pecho. Estaba cansada, el peso de mi corazón y el nudo en mi estómago, era demasiado para una persona tan débil como yo.
No me di cuenta cuando caí presa del sueño, solo recuerdo que sentí un leve calor y un ligero peso a uno de mis costados. Me removí un poco y seguí durmiendo como si nada.
A la mañana siguiente, cuando abrí los ojos por un cosquilleo que sentí en la mejilla, me sorprendí al verla ahí, estaba tranquilamente dormida entre mis brazos y aferrándose a mi cuerpo. Al verla tan tranquila y serena, ni te darás cuenta de lo que era capaz de hacer, ni de su carácter.
Dolía, verla dolía. Dolía verla y que no fuese mía. Dolía ver su sonrisa y que no fuese por mi causa. Dolía mirar sus labios e imaginar cómo sería probarlos. Todo lo que me hacía sentir dolía, por no ser correspondido.
Me deshice de sus brazos y quite los míos de ella, la contemplé unos segundos más y me levanté de la cama.
Escuché que empezaba a remover.
—Quédate un rato más, aún es temprano—murmuró.
Se sentó en la cama, tallando se los ojos. No fui capaz de responder, las lágrimas picaban en mis ojos, me dirigí al baño sin mirarla y sin responder.
Me encerré en el baño, sabía que ella había notado que algo pasaba. Lo sabía porque empezó a dar toques en la puerta, pidiendo que abriera.
—¿Qué te pasa? ¿María? ¿María?—no dejaba aporrear la.
Sin querer se me escapó un sollozo y eso hizo que saliesen más y más, junto con lágrimas.
—María—gritó ella detrás de la puerta.
Me senté en el retrete con la cabeza entre mis manos. Escuché un fuerte golpe. La muy desesperada había roto la puerta. No pasó mucho hasta que estuve entre sus brazos, siendo consolada por la persona por la cual estaba así. Natasha, no tenía la culpa, no, no la tenía.
—¿María, dime, qué te pasa? Por favor—susurró contra mi cabello.
Sus manos subían y bajaban por mi espalda, mi cabeza se escondía en el hueco de su cuello y hombro. A duras penas tomé una bocanada de aire y me separé de ella, mirándola fijamente a los ojos, llenos de preocupación. Era ahora o nunca. Dirigí mis manos a sus mejillas y la acerqué lentamente a mi.
—Lo siento—susurré contra sus labios.
Por fin la estaba besando, era mucho mejor de lo que me había imaginado, tan suaves, tan dulces, tan cálidos, pero no me siguieron el beso.
Me separé de ella con el alma ya por el suelo.
—Yo...—me callé.
Su expresión estaba ida, en sus pensamientos no sabía que pasaba. De un momento a otro parpadeó para posteriormente sonreírme. En un rápido movimiento me besó, no tardé en responderle.
Nos estuvimos besando de todas las formas posibles, demostrando todo lo que escondía nos dentro de nuestros corazones.
Teníamos las frentes apoyadas la una en la otra. Mirándonos a los ojos, con las pupilas dilatadas y sonrisas estúpidas, pero imborrables.
—Te amo—susurré.
—Te amo, María—respondió de la misma forma.
Nada podía ir mejor, ese día nos demostramos lo mucho que nos amábamos, de la forma más íntima, erótica y romántica posible.
