Estaba yendo con Steve en el coche, él conducía, yo iba de copiloto. Íbamos a Oregon, para pasar el fin de semana separados del resto, algo más íntimo, nos merecíamos un descanso y desconexión del mundo.
Él y yo éramos novios, desde hacía unos 2 años casi. Nuestra relación al principio era complicada, por los trabajos, Steve un vengador y yo una ex-asesina convertida en una de las agentes mejores de SHIELD, pero con el tiempo supimos como organizarnos y por el momento todo iba de maravilla entre nosotros, parecía que estuviésemos hechos para estar juntos.
-Has estado muy callada- la voz de Steve me sacó de mis pensamientos-. ¿Pasa algo?
-No, nada. Solo estaba pensando- me encogí de hombros mientras miraba por la ventanilla del coche perdida en mis pensamientos
-Esta bien- lo escuché decir.
Pasaban los minutos y, poco a poco, se iba oscureciendo el cielo abriendo paso a unos colores dignos de apreciar, hasta que se pudieron ver las estrellas y la luna perfectamente. Mirar las estrellas era una de las pocas cosas que me tranquilizaban, pero también me hacían pensar, sobre todo en mi pasado, como todo había cambiado.
Empecé a recordar todos los asesinatos y las caras de las víctimas, también como protegían, suplicaban y se ofrecían a cambio, para que no acabara con su ser querido. En ese momento tres preguntas rondaban por mi mente: ¿Alguien haría eso por mi? ¿Alguien me protegería de esa manera? ¿Alguien sería capaz de amarme con tanta devoción? Luego recuerdo a Steve, su sonrisa, sus caricias, todo lo que hace por mí. Me acuerdo de como me abraza y se acurruca después de una misión, como con tan solo un roce puedo sentir su amor, y las respuestas a esas preguntas se abren paso en mi mente, todas concluyen en una sola: si, alguien lo haría, ese alguien es Steve, la persona que siempre confió en mi fuerza interior y en mi capacidad para sobrellevar todo lo ocurrido en los peores años de mi vida.
-Cariño, seguro estás bien- dice, yo solo lo miro sonriendo y asiento.
-Claro.
-¿Entonces, por qué lloras?- lo miro raro.
-No estoy...- toco mi mejilla y la siento húmeda- llorando.
-Cariño, ¿En qué pensabas?
-En todo, mi pasado y en ti- le expliqué por encima, no quería entristecer el ambiente-. Eres lo único que tengo y estoy más que segura que no necesito más.
-No sé que haces conmigo, pero en serio que me siento el hombre más afortunado del mundo cuando te abres de esa forma conmigo, cariño- dijo mientras posaba su mano en mi muslo dándole un pequeño apretón.
-Yo podría decir lo mismo, Capitán- le digo mientras acaricio su mano aún en el mismo sitio en el cual la había colocado.
-¿Sabes que quiero hacer nada más llegar?- su sonrisa se tornó pícara.
-No ¿Qué tiene en mente capitán?- le pregunté siguiéndole el juego.
-Siento mi atrevimiento bella dama, pero, me gustaría tenerla en mi cama para hacerla gemir- dijo en tono seductor, reí ante su ocurrencia.
-Seria un honor-respondí de la misma manera-. ¿Dónde has dejado lo tímido, cielo?
-Unos kilómetros atrás, cuando vi lo perfecta que eras- me sonrojé, este hombre siempre me dejaba sin aliento y palabras.
Nos reímos y seguí mirando las estrellas, pensando en lo que haríamos. Esta noche no íbamos a dormir, él se encargaría personalmente de eso.
