|CAPÍTULO 22|

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ARES

— Eres hermosa y sensual, lo has tenido comiendo de la palma de tu mano todos estos años— Resumo su estúpida historia y río sin gracia— ¿¡Como putas mierdas no lo pudiste retener en Alemania!?— Lanzo todas las cosas del escritorio al suelo furioso.

— Me rechazo Ares, hirió mis sentimientos y mi ego, el jamás me había dicho que no y es todo por esa niñita— Se cruzó de brazos— Cristián se está enamorando de Mía— Dice lo que ya suponía.

— Ana, te conozco hace años, ¿Cuantas veces hemos cogido?— Me río— Se que con tus encantos puedes hechizarlo otra vez— Resoplo— ¿Estas segura de que ahora están en los Ángeles?

— Muy segura, escuche al propio James mientras hablaba con Nana Sofía— Informa— De seguro deben estar follando.

— Y no te equivocas, mi vínculo con Mía es cada vez más débil, da por hecho que hasta ya la marco— Hago mis manos puño— Ese hijo de puta se adelantó y me la esta arrebatando, el último paso es que se casen por los vínculos sagrados y antes de que lleguen a ese punto debemos hacer algo— Suspiro y comienzo a pensar en un plan.

— ¿Que tienes en mente?— Alza una ceja y me sonríe de lado con diversión.

— Llama a Cristián, provocalo, se lo ocultara a Mía para evitar problemas, lo conozco demasiado bien, cuando los sentimientos tocan su corazón se vuelve blando— Me río— No seas insistente, has que perdure, ella es inteligente y comenzara a sospechar, si un día el teléfono lo atiende Mía, tu veras que le inventas, solo debes ser convincente— Término de explicar su parte del plan y suspira.

— Okey y... ¿Que harás tu?

— Yo me encargaré de Mía cuando ella decida abrir sus alas y volar...— Hago el gesto con la mano de un ave que vuela y nos reímos.

Golpean a la puerta de mi despacho, suelto un pase y se abre revelando a una de mis empleadas con mayor antigüedad.

— Señor, disculpe que lo moleste pero ya llegó lo que ordenó, ¿Les digo que pasen?— Mira de reojo a Ana y sonrió.

— Por supuesto, ella no es problema alguno— Digo refiriéndome a Ana, Renata asiente con la cabeza en respuesta y sale del despacho cerrando a sus espaldas.

— ¿Otra vez? Tu estas enfermo— Dice Ana y la miro.

— Y a ti te encanta experimentar— Le aclaro y la puerta de mi despacho se abre por Renata.

Miro en su dirección y por ella entra una niña humana, no debe pasar de los trece años de edad, Renata cierra a sus espaldas y analizó a la joven de pies a cabeza, es hermosa, tal y como se la pedí a John, un traficante de menores de edad para el comercio sexual: rubia y de ojos claros, casi con las mismas similitudes de Mía.

— ¿Es mi idea o esta niña es muy parecida a Mía?— Alza una ceja Ana y me río.

— ¿No te gusta?— Me acercó a la niña y me pongo detrás de ella con mis manos en sus hombros— Es preciosa— Hago a un lado su cabello y comienzo a besar su cuello— Vamos, se que quieres— Bajo hasta su hombro sin quitarle la vista de encima a Ana.

— ¡Demonios! ¿Que más da? Necesito algo de distracción y alivio— Comienza a quitarse la ropa mientras mis manos recorren el cuerpo de la pequeña que no deja de temblar.

ALPHA REYDonde viven las historias. Descúbrelo ahora