Un grito desesperado

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No sintió los segundos, los minutos e incluso las horas transcurridas desde su estancia en aquel motel de paso. Se preguntaba una y otra vez si el decoro de sus padres, sus amigos, su propio ser , aprobarían un arrebato de pasión y lujuria como aquel que tan furtivamente se sació de un hombre que tan solo conocía una semana. Se sentía frustrada, cansada, triste, molesta, furiosa consigo misma por haberse prestado a ese juego absurdo o a una actuación mal elaborada y apresurada.

Con sumo desgano logró vestirse, el maquillaje, el peinado, todo el estilo de la despedida de soltera se había evaporado para dar lugar a una imagen devastada de una mujer que recogía pedazo a pedazo su dignidad, su entereza, su fuerza misma al ritmo de levantar las prendas del suelo. Nunca había hecho algo asi, incluso en la gran manzana se limitaba a seguir sus propias reglas y darse a respetar como mujer, como publicista, cuidaba la imagen que otros tenían de ella para que pudieran tomarla de una manera profesional y ética. En ese momento ya no sabía diferenciarse.

Seco sus lágrimas, y junto con ellas también la tristeza, consideraba que la debilidad no era permitida en su nueva vida, jamás volvería flaquear ante nadie por mucho que eso la lastimara. Decidió sufrir sola, llorar sola, lamentarse sola. Tomó las llaves del auto para salir de la habitación no sin antes echar un vistazo a ese lugar de cuatro paredes constituido por tan solo una cama matrimonial destendida, una lámpara de buró de cono abierto y una comoda que seguramente rechinaría al compas de varios frenesí adquiridos en todo el historial de ese cuarto.

No pudo evitar la imagen de Damon en su cabeza, no lograba huir de su mirada, de sus ojos aguamarina junto a esa sonrisa tan blanca como la nieve. Sintió un hormigueo que recorría desde la parte baja de la espalda ascendiendo hasta su nuca, aquel escalofrío le recordaba la ausencia de esas manos gruesas y caucásicas que la estrujaban como una muñeca moldeable. Apretó sus labios lo suficientemente fuerte para mitigar el deseo y unas nuevas ganas de llorar arrebatadoras. Se mostraría fuerte, tenía que ser fuerte para lograr salir avante de esa semana llena de culpa.

Caminó unos pasos para abrir la puerta abriendo sus ojos fijándolos en la alfombra, pues la cantidad de mil dólares en efectivo se encontraban arrugados y esparcidos por toda la entrada. Se acuclilló despacio sintiendo la textura de los billetes verdes que ahora le quemaban cuales brazas ardientes; no era un ardor común y corriente, era una mezcla de angustia y arrepentimiento por haber juzgado mal a ese hombre.

--Damon…

Sus labios se entreabrieron pronunciando débilmente su nombre, sus incisivos apretaban su labio inferior recogiendo el dinero para introducirlo de nuevo a su cartera. No lograba entender a ese hombre por mucho que lo intentaba, reconocía que tenía ciertas similitudes con Draco pero ahora los podía diferenciar tan fácil como presentar un exámen de runas antiguas.

Draco y Damon eran testarudos, tercos, buscaban a toda costa la atención absoluta de la gente que los rodeaba, eran tan atractivos a su manera que hacían suspirar a cualquier chica que estuviese frente a ellas, pero habia algo singular que dibujaba un abismo profundo que ahora notaba. Draco Malfoy era un príncipe por naturaleza, su ego se podía comparar con el de Tom Riddle pero era tan cobarde al momento de enfrentar las verdades sobre si mismo; en cambio Damon era un seductor incomparable, su sola mirada y sonrisa ponían a sus pies a quien estuviera a unos pasos de su presencia, sin embargo, también huía de su propia persona. Uno no temía a comprometerse y el otro descartaba esa posibilidad.

Encontró por fin esa diferencia, una que se negaba a aceptar y a creer desde el momento que decidió contratar a un escort para que fingiera una relación con ella. Bajaba las escaleras para conducirse al automóvil y fijar su mirada en el espejo observándose a si misma. Por mas idénticos que fuesen en cuanto a personalidad, manera de ser, soltura y ego existía algo que ahora los delimitaba.

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