13. ¿Te casarías conmigo?

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... Sentía todo de un modo diferente, no estaba segura pero podía jurar que no era su casa a pesar de lo mucho que se parecía.  La sala era la misma, estaba todo en su lugar, justo como ella lo recordaba. Sólo había algo aterradoramente diferente, en la esquina estaba una cuna y sabía (no se necesitaba ser un genio para hacerlo) que dentro había un bebé, ¿Qué hacía un bebé en su casa?

Miró al bebé en sus brazos y escuchó al bebé de la cuna llorar. Se sintió asustada. Estaba fascinaba por aquel hermoso bebé dormido en sus brazos pero al mismo tiempo se encontraba nerviosa por no poder moverse para llegar hasta el otro bebé que la llamaba con su llanto.

El bebé comenzó a moverse y Annoris lo miró con más atención

No podía distinguir si el bebé era niño o niña, su ropa completamente blanca no le daba ninguna pista pero lo que si sabía era lo hermoso que era, casi divino.

-¿Eres niño o niña? – le susurró sabiendo que no obtendría respuesta pero al mismo tiempo deseando tenerla. Por un momento se imaginó teniendo a una familia feliz y eso incluyendo a Ian en todo momento.

Su corazón empezó a latir con más fuerza cuando el bebé abrió los ojos y la miró tratando de decir algo que ella no podía entender.

El bebé en la esquina de la sala seguía llorando, sin embargo ella estaba atrapada en la tierna mirada del otro. Empezó a mecerlo tiernamente. Es mi bebé pensó fascinada.

-No llores, aquí está mamá– pidió al otro bebé quien al instante de escuchar su voz se calmó.

Annoris intentó caminar y esta vez lo logró.  Cuando estuvo lo suficientemente cerca de la cuna de sorprendió al ver un bebé idéntico al de sus brazos.

Se sintió tranquila al ya no verlo llorar, estaba viéndola con amor y eso la aturdió. Ese niño ya la amaba a pesar de que ella misma sentía miedo de amarlo a él.

Puso al bebé de sus brazos justo al lado del otro.

Los dos eran idénticos o al menos eso diría cualquiera, pero ella sabía que no era así. Annoris sabía que ella podría reconocer quien era quien en cualquier momento, porque eran diferentes y ella  era capaz de ver esos aspectos que los hacían únicos entre ellos.

-Son tan hermosos – les susurró acariciando con ternura la cabeza de ambos. Los bebés le sonrieron al mismo tiempo que el corazón de ella se encogía con cariño.

Entonces la pregunta volvió ¿Qué eran? ¿Niños o niñas?

-Soñé con ellos – fue lo primero que dijo cuando se despertó.

Ian dejó de acariciar su cabello y ella aprovechó el gesto para alejarse de su pecho y mirarlo. Ian le devolvió la mirada sin comprenderla, dejó el libro que estaba leyendo a un lado y sonrió con burla.

-Son niños, Ian. Soñé con ellos. –Repitió ignorando la mirada burlona del chico. Estaba demasiado contenta como para dejar que la molestará y en un impulsó se lanzó hacia él abrazándolo por el cuello

-Vamos Annoris, ¿En serio crees en ese tipo de cosas? – preguntó escéptico al mismo tiempo que divertido.  Había considerado a Annoris una chica inteligente y menos supersticiosa, pero decirlo en voz alta significaría recibir unos cuantos golpes inofensivos por parte de la adolescente.

Annoris se sonrojó enojada y un tanto avergonzada. Por supuesto que no creía en ese tipo de cosas, al menos no hasta aquel sueño tan real.

Su corazón seguía latiendo con fuerza, y la única explicación que tenía era que esos hermosos e idénticos niños no podían ser otra cosa más que sus hijos.

Embarazo adolescenteDonde viven las historias. Descúbrelo ahora