1. No te enamores

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Se levantó dejando a un lado el calor confortante de las sabanas. Miró a su alrededor sintiendo como su corazón se aceleraba al ver aquel hombre desnudo tendido en la cama. Tenía miedo, le gustaba tanto aquel chico que, le había entregado lo único que ahora echaba de menos. Se le escapó un gemido al ver su cuerpo desnudo en el reflejo del espejo y miró horrorizada como todo en ella seguía igual, no había cambiado en nada, habría esperado ver un letrero que dijera "Hey miren, acaba de tener sexo".

-¿Por qué despertaste? - preguntó un hombre con voz ronca, recargando su codo en la cama y su cabeza en la mano para poder mirarla, ella volteó dando un brinco de sorpresa al mismo tiempo que se sonrojaba al sentir su desnudez.

Sintió nervios y cuando escuchó la risa de él no hizo otra cosa más que ponerse aún más nerviosa. Agarró una playera tirada y se la puso con torpeza. Lo miró dudosa sin saber qué hacer. ¿Se volvía a meter de nuevo al calor reconfortante de esas sabanas casi blancas y dejar que él la envolviera en sus brazos? ¿No se supone que tenía que sentirse bien después de haber tenido sexo, especialmente siendo la primera vez? Pues ella, en ese momento se sentía confundida. - Anda, duérmete un ratito más. - murmuró con cansancio.

-Tengo que llegar a casa - atinó a decir mientras se alejaba, sin querer ser consciente de él, de la situación.

-¿En serio? Vamos, ven aquí - dijo palmeando el lado de la cama vacía, ella caminó con la cabeza baja y se sentó sin querer hacerlo. - No te arrepientas - dijo tomándola de la barrilla, alzando el rostro de ella para que lo mirara a los ojos, unos ojos que le hacían olvidar porque no debía quedarse ahí, pero él ya lo había dejado claro. "No te enamores de mi" y por supuesto también podía leer entre líneas las palabras "solo quiero sexo". Él era un idiota pero ella lo era más. Y aún así, a pesar de todo siguió preguntándose por qué la había elegido a ella entre todas las demás chicas que podía tener. - Eres hermosa - dijo como si pudiera leer sus pensamientos y ella sintiendo como sus mejillas se volvían de un rojo intenso, se acostó a un lado escondiendo su cara en el pecho de él. Intentaba olvidar todo con el calor de sus palabras... "Eres hermosa" ¿Cuántas personas le habían dicho eso? Pocas y al mismo tiempo muchas, sin embargo ninguna de esas personas le habían hecho sentir lo qué aquel hombre le hizo sentir.

-Después de esto ¿Qué va a pasar? - Deseó preguntar y deseó que él contestara la promesa de amor que su corazón exigía. No quería separarse de esos brazos protectores, la hacían sentirse segura pero sabía que el corazón de él no le pertenecía a ella y tal vez ni siquiera el tiempo podía cambiar eso. Se sentía insegura sobre el futuro ¿La llamaría o sería la chica de esa noche?

-No me arrepiento - mintió sintiéndose idiota al hacerlo. Temió por un momento que al decirle la verdad nunca la volviera a llamar

-Eres como una jodida diosa. - dijo completamente honesto y ella sintió como un calorcillo recorría su espalda seguido de un intenso frio.

-Tengo que ir a casa - repitió esperando que esta vez le hiciera caso.

- Te tengo que decir algo - dijo repentinamente serio y ella se sentó sintiendo como su corazón se aceleraba de miedo - No te asustes, no creo que pase nada. - la tranquilizó - Pero también puede que pase.

-¿Qué pasó? - pregunto mirándolo asustada.

-Se rompió el condón - dijo y ella pudo ver en los ojos de él miedo verdadero y aun así se veía confiado, esperando como si en verdad no pasará nada, le restaba importancia por no ser algo seguro. PODÍA QUEDAR EMBARAZADA, no podía tomarse el lujo de tomarlo a la ligera como él lo estaba haciendo. Qué idiota era. No sabía que decir, quería gritarle muchas cosas y decirle que se fuera a la mierda pero lo único que pudo decir fue...

-Llévame a casa. Por favor

Embarazo adolescenteHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora